martes, 21 de febrero de 2017

MOTORAMA- DIALOGUES. Una crítica


Cuando aún resuenan los ecos del magnífico Poverty, los chicos de Motorama entregan nuevo trabajo, Dialogues.  En su día comentamos que se habían convertido en la punta de lanza del revival post-punk ruso. Revival del que casi se han quedado solos ya que Human Tetris han desaparecido durante varios años (aunque muy recientemente han publicado un nuevo EP), Utro siguen hibernando y Manicure hace tiempo que no da señales de vida, mientras que no ha aparecido ningún grupo que pueda sumarse a estos nombres.


Los de Rostov del Don vuelven a transitar por los mismos parajes de su disco anterior, en el que gracias a unas guitarras que oscilan entre jangle pop y new wave, más unos bajos frenéticos logran escapar de los corsés del cold wave. Esto no quiere decir que renuncien al post punk de querencia Joy Division o The Sound que tan bien practican, sino que lo enriquecen quebrando la frialdad de sus omnipresentes teclados que ya hace tiempo dejaron de ser la característica más importante de su música.


Esta deriva hacia un pop más luminoso se traduce en canciones cortas y muy rítmicas, con bajos acelerados secundando la profunda voz de Vlad, el cantante, que se esfuerza por no lastrar la velocidad de la canción a pesar de seguir sin casi utilizar estribillos. Esta evolución pop se percibe claramente en la primera cara del disco, en que ninguna de sus cinco canciones alcanza los tres minutos. Entre ellas destacan Sign, que recuerda indefectiblemente a The Smiths, la perfecta cadencia de Tell Me, ideal para acunar la voz del cantante y Above the Clouds, con una guitarra acústica tan sorprendente como acertada.


La segunda cara empieza con la mejor canción del disco, I See You, donde el bajo crepitante y unos densos teclados nos conducen a un bonito estribillo. Por primera vez intuimos que una canción de Motorama se puede bailar.  Después de ella, los temas se alargan, disminuye la velocidad y la música se vuelve más melancólica y apesadumbrada gracias a temas como Deep, Reflection o By your side.


Dialogues es otro buen disco de Motorama, que han encontrado una fórmula para ofrecer buenas canciones de sonido accesible y no dudan en ahondar en ella. Además son hábiles para entregar un disco de diez canciones en unos escasos treinta minutos, logrando que el oyente se quede con ganas de más.
TELL ME

ABOVE THE CLOUDS
 
I SEE YOU

Dialogues en Spoti


sábado, 18 de febrero de 2017

THE XX- I SEE YOU. Una crítica




En 2009, The XX publicaron su disco debut, de homónimo título, que logró causar  impacto y lograr una gran repercusión. Su elegante pop electrónico intimista de melódicas voces convenció de manera irrefutable. Su gran éxito les sorprendió hasta a ellos mismos, hecho éste que se reflejará en su siguiente trabajo, Coexist en 2012, en el que su sonido se vuelve espartano y sin apartarse un ápice del camino marcado en su debut, temerosos de decepcionar a las expectativas de sus seguidores. Aun así consiguieron un sobresaliente segundo trabajo. Desde entonces han transcurrido más de  cuatro años hasta el lanzamiento de su nuevo disco, I See You. Durante este período ha ocurrido un hecho crucial; el lanzamiento de In Colour, el disco en solitario de Jamie Smith, aka Jamie XX, encargado de los samplers y arreglos electrónicos del grupo. El éxito masivo del mismo y el reconocimiento logrado le ha permitido a Jamie, confiar en sus dotes como productor volcando en el disco muchos de los conocimientos adquiridos estos últimos años, para enriquecer la paleta sonora del grupo gracias a la diversidad de atrevidos arreglos utilizados.


La primera mitad de I See You refleja claramente esta evolución; inicia con la  exuberante Dangerous en la que unos potentes graves marcan el ritmo de la canción siendo, muy posiblemente, el tema más orientado a la pista de baile que nunca hayan publicado. Sigue con Say Something Loving con su tono acompasado e incluso grasientamente sexual, en el que la alternancia de voces de Romy y Oliver lleva la canción en volandas. En la muy rítmica Lips destaca la presencia de unas percusiones tribales que llenan y refuerzan todos los espacios. Esta primera parte terminaría en la intensa A Violent Noise, un tema con un desarrollo espectacular que inicia de manera intimista hasta que la entrada de unas majestuosas bases electrónicas elevan y engrandecen la canción para estallar en su parte final. Como bisagra justo en la mitad, actúa Performance, en que canta una Romy de aire desvalido y crepuscular, acompañada de su guitarra, mientras unos arreglos de cuerda tratan de ahogar su voz sin conseguirlo pero logrando una tensión muy atractiva. 



Tras Performance viene Replica en el que Oliver toma el protagonismo en una historia de superación y dejar atrás malos hábitos (posiblemente basada en hechos reales). La esperanzada y delicada Brave for You nos conduce a la anomalía de la segunda parte del disco; Hold On, el primer single del mismo. Un tema para clubs y discotecas con unos bajos fantásticos y un gran crescendo que desemboca en el estribillo protagonizado por un  chillón sampler de Hall & Oates que expande y acelera todavía más el tema (aunque opinión personal: chirría de mala manera y es el peor momento del disco). Sigue la bonita I Dare You y sus destacados juegos vocales jugando sobre bajo y guitarra para terminar con la etérea Test Me en el que tras una intro vocal, unos arreglos delicadísimos se apropian de la canción  -incluso parece que suenen líneas de theremin- para llevar a un cierre bellísimo (igual meo fuera de tiesto pero los arreglos de esta canción recuerdan a Bingo de Mercromina, un disco tan incomprendido como avanzado en su momento).



I See You refleja el momento actual de The XX, debidamente reflejado en la secuencia A Violent Noise, Performance (curiosamente van seguidas las dos mejores canciones del disco) que podemos considerar como ejemplo del yin y el yang de su sonido. Conservan su oscuridad, sus partes delicadas, dolientes e intimistas pero han incorporado una seguridad que se traduce en el uso de arreglos variados y originales –obra de un muy inspirado Jamie- que enriquecen poderosamente las canciones. Incrementan bpm’s para llevar las canciones a la pista de baile, samplean sin problemas de otros artistas y no dudan en añadir bases electrónicas, percusiones e, incluso, instrumentos de cuerda para conseguir un sonido tan vigoroso como cohesionado y lleno de detalles. I See You es otro magnífico trabajo de The XX y les abre una puerta para que ya nadie se pregunte si no se agotarán en su propia fórmula. Tres discos, tres joyas. Brave for you The XX.
 HOLD ON

SAY SOMETHING LOVING

I SEE YOU en SPOTI


lunes, 13 de febrero de 2017

William Kotzwinkle- El nadador en el mar secreto. Una crítica




Una de las ventajas de suscribirte a la magnífica revista Librújula, además de la calidad de sus escritos, consiste en que te obsequian con un libro a elegir. En el número uno de la publicación, me decidí por El nadador en el mar secreto de William Kotzwinkle, del que no tenía ninguna referencia aparte de la imposibilidad de escribir correctamente el apellido del escritor. El libro lo leí con rapidez pero me dejó una impresión tan grande que sabía que en un momento volvería a hacerlo, como así ha sido.


Aviso: en el resto de la entrada spoilereo de lo lindo.


Diane Laski está embarazada, mucho, y en mitad de la noche despierta y descubre que ha roto aguas. Avisa a su marido, Johnny, para ir al hospital. Solo que está a cuarenta kilómetros de su casa, situada en medio de un océano de nieve y donde hace tanto frío que nunca saben si la vieja camioneta podrá arrancar. Entre frecuentes contracciones de Diane y mucha suavidad al volante para no patinar con el hielo, consiguen llegar a la ciudad.


De inmediato y ante la elevada frecuencia de las contracciones  empieza el parto. Un parto que se presenta difícil y complicado ya que el niño viene de nalgas. Después de mucho rato, gran esfuerzo, enorme cansancio y toneladas de sudor el niño nace, pero las caras de los sanitarios anuncian que algo no ha ido bien, nada bien de hecho.


La sinopsis se queda corta y a la vez desvela demasiado, pero se hace muy complicado enhebrar un resumen sin alumbrar datos cuando se trata de una novela corta de tan solo 90 páginas, en la cuidada y muy elegante edición de Navona Editorial. Noventa páginas que vale la pena digerir poco a poco debido al hondo calado emocional de la historia. William Kotzwinkle utiliza un lenguaje sencillo, aunque lleno de bellas y visuales metáforas sobre conceptos próximos y universales, para narrar una tragedia. Tragedia hasta cierto punto cotidiana pero no por ello menos devastadora. No abusa de las descripciones sino que utiliza un tono siempre sobrio y comedido, sin ninguna concesión al exceso, concentrándose en las sensaciones que experimenta el matrimonio Laski, especialmente John, tanto durante la bellísima descripción del parto como todo lo que vendrá posteriormente. Ante la corta duración del relato, el escritor no realiza un hondo perfil psicológico de los protagonistas, pero muestra lo suficiente para saber que son personas fuertes que aceptan con entereza y resignación el cruel desenlace. Esta es precisamente la clave que encumbra a esta novela a la altura de clásico. En ningún momento se cae en el sentimentalismo fácil y la aceptación del dolor ante lo irreparable, ante la pérdida, se narra con una contención estoica admirable. El lector, acongojado, no puede evitar un pesado nudo en la garganta ni la aparición de traicioneras lágrimas durante la lectura de esta corta novela de desoladora belleza.

Leer El nadador en el mar secreto es una experiencia tan acongojante como recomendable. Es imposible permanecer indiferente ante ella y no queda más remedio que recordar el poético título del libro durante mucho tiempo, así como a su autor, William Kotzwinkle, ante la deslumbrante calidad y sobriedad de su narración. Un libro que deja una marca tan indeleble como perdurable.

 

William Kotzwinkle en la Wikipedia

Recomendación: 
No conocer al autor creo que fue más ignorancia mía que no falta de popularidad del mismo. Por tanto, incidir más en su obra. De hecho, por ahí preparado tengo Doctor Rat.
Librújula, sin ninguna reserva.

Mientras escribía esta reseña he continuado abducido por el magnífico I See You de The XX,  el muy grato Running Out of Love de unos reivindicados The Radio Dept así como el rítmicamente alucinado Occult Architecture Vol. I de Moon Duo.

domingo, 5 de febrero de 2017

Charles Bukowski- Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Una crítica.




En la vida hay que tener asideros, referentes que te den seguridad, y hablando de literatura, Charles Bukowski es un agarradero perfecto porque nunca decepciona. En un período de descanso después de varios libros absorbentes, me apetecía sumergirme de nuevo en los relatos del maestro irreverente y para esta finalidad Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones es un libro perfecto.


Los cuentos de este libro se sitúan a a finales de la década de los sesenta y inicios de los setenta, justo cuando el escritor deja su trabajo en Correos (US Postal, supongo) y quiere dedicarse íntegramente a escribir. Como es bien sabido, habitualmente los relatos de Charles Bukowski son autobiográficos y en esos años tratan temas como; la dificultad para vivir de la literatura, su enorme y poderosa afición a beber sin ningún tipo de mesura, el sexo y los ocasionales trabajos en la más baja escala de la cualificación laboral que va desempeñando para financiar su mencionada afición a la bebida y, si sobra algo, a las carreras de caballos. Trabajos meramente ocasionales porque duran hasta que tras cualquier noche de borrachera deja de acudir a ellos.


De entre estos diecinueve cuentos, todos ellos de extensión inferior a quince páginas, destacaríamos Quince centímetros, en el que el protagonista se casa con una mujer con fama de bruja y poco a poco, va disminuyendo de tamaño hasta llegar a la medida del título. Cuento con indudable reminiscencia a El Increíble Hombre Menguante de Richard Matheson; La chica más guapa de la ciudad, donde homenajea cariñosamente a una muchacha tan bonita como inestable, tan tierna que siente atracción por los feos pero gobernada por una preocupante tendencia suicida; El asesinato de Ramón Vásquez, en el que dos ladronzuelos golpean hasta la muerte a un viejo galán del cine mudo que amablemente les había recibido en su mansión; Un 45 para pagar los gastos del mes, relato en que habla de la relación de un atracador con su hija de 6 años y de su imposibilidad para renunciar a su vida delictiva, a pesar de los peligros que esto supone; La gran boda zen, donde un Bukowski excesivo y desatadamente borracho actúa como padrino en la boda zen de unos amigos suyos y la lía mientras se ríe del montaje de la ceremonia y de los asistentes a ella; Nacimiento, Vida y Muerte de un periódico underground, en el que narra su colaboración con el periódico alternativo Open City, evidentemente con nombre cambiado, haciendo hincapié en el ascenso del periódico hasta que su mismo editor no pudo controlarlo. Las columnas que escribía en dicho periódico se recogieron posteriormente en Escritos de un Viejo Indecente; Un compañero de trago, o de cómo Bukowski halla al mejor compadre de bebida que haya encontrado nunca, aunque al ponerse violento éste se comportase de manera violenta y fuese algo sádico; Una ciudad maligna, relato extremo sobre la presencia del sexo en la cotidianeidad, pintando como obsesos a sus conciudadanos; Kid Stardust en el matadero, donde en una exagerada y divertida narración detalla el primer día de trabajo en un matadero. Una jornada laboral tan exageradamente sobrehumana que no es más que el reflejo de la imposibilidad del escritor de desempeñar un trabajo normal; Doce Monos Voladores que no querían fornicar adecuadamente, alucinado cuento donde se refleja su desesperación ante la dificultad del despegue de su carrera como escritor y el escaso éxito de sus inicios.



Es fascinante la facilidad que tiene Charles Bukowski para crear libros y relatos a partir de sus propias experiencias. Como he dicho antes, la gran mayoría de los cuentos son autobiográficos aunque, tal y como aclara el escritor por si acaso, El asesinato de Ramón Vásquez es pura ficción. Usa un lenguaje descarnado y sin cortapisas para narrar sus desventuras y, especialmente, su desmedida entrega a la bebida y sus más bajas pulsiones. Sus personajes no acostumbran a ser amables y no superarían un juicio moral objetivo, de hecho, en muchas ocasiones son despreciables. No tiene demasiada buena consideración de él mismo ni, mucho menos, de la sociedad que le rodea repleta de hipocresía, falsa moral y estupidez. Se le ha calificado de narrador de los desheredados de la sociedad, aunque discrepo de este calificativo ya que no se puede calificar como tal a quien toma un camino alternativo por voluntad propia, aunque bien es cierto que ataca sin piedad al poder del Estado y la burocracia necesaria para ello. Bukowski es consciente de su imposibilidad de adaptarse a un trabajo de oficinista, conocedor de que gastará hasta el último de sus centavos en alcohol, mujeres o apuestas de caballos sin importarle las consecuencias de sus irresponsables actos. El milagro es que sea capaz de narrar su propio universo con esta cercanía, brillantez y una extraordinaria fuerza narrativa repleta de cáustico humor negro, características todas estas que le emparentan claramente con su maestro, John Fante.



Leer a Charles Bukovski puede llegar suponer un esfuerzo para acostumbrarte a la abruptez y precisión escatológica de su narración, en ocasiones desagradable. El escritor se vale de sus exagerados personajes para lograr que el lector se reconozca en situaciones, impulsos o deseos que tiene o ha querido tener pero nunca reconocerá en voz alta. Leerle es identificarse con el nihilista, el descreído. Leer a Bukowski en estos tiempos de tanta falsa corrección impostada es reivindicarle y reivindicar el libre pensamiento y, solo por eso, nunca hay que dejar de hacerlo. Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones es otra estupenda colección de relatos que puede abrirte la puerta a un universo tan propio como característico. 

Charles Bukowski en la Wikipedia


Recomendación: 
Charles Bukowski, si alguien quiere empezar con él que lo haga con La Senda del Perdedor, crónica de la infancia y juventud del mismo. John Fante.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el magnífico I See You de The XX, el sorprendente e hipnótico Skin de Animic, el muy luminoso El Fin del Mundo en Mapas de los poco reconocidos Maronda y el adorable Las Causas Perdidas de Neleonard. 
Sí, soy pesado con este último disco, pero ya se ha convertido en un fiel compañero. Puestos a poner notas a pie de página, destacar que sigo sin comprender cómo un grupo magnífico como Maronda puede tener tan poca repercusión con la cantidad de grupos morrallosos, y muy inferiores a ellos, que transitan con éxito en el pop-rock español.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Federico Axat- La Última Salida. Una crítica


Al publicarse La Última Salida, del argentino Federico Axat, rápidamente me llamó la atención el aluvión de críticas positivas, incluso entusiastas, sobre el libro. Una vez leída su sinopsis tuve claro que quería leerlo. Aunque lo cierto es que voluntariamente dejé que pasará un poco la fiebre de la novedad e hice un pequeño truco de prestidigitador, aprovechando el cumpleaños de un familiar lo regalé con el compromiso de que me lo dejase una vez leído.


El principio del libro es de los que enganchan “Ted McKay estaba a punto de pegarse un tiro en la sien cuando el timbre de su casa empezó a sonar con insistencia”. Ante un inicio así no queda más remedio que abrir bien los ojos y adentrarse en la historia (por un momento, la inicial puesta en escena suicida recuerda el de Corazón tan Blanco de Javier Marías). Ted finalmente abre la puerta y un desconocido llamado Justin Lynch, en representación de una organización secreta, le propone un trato: deberá asesinar a un criminal al que la justicia no ha castigado y posteriormente matará a otro suicida. A cambio, le matarán a él y así su familia se ahorrará las penalidades morales y legales de un suicidio.


Ted acepta la oferta y prepara un plan para llevarlo a cabo. Al llegar el día previsto, lo sigue con determinación para conseguir su objetivo. Y cuando va a realizar el primer asesinato, empieza a ver señales conocidas en lugares extraños, fuera de sitio. Y entonces, todo se retuerce, se complica y ante tanta confusión la clave parece estar en la aparición de un animal tan poco habitual, literariamente hablando, como una zarigüeya.


No, no iba puesto de nada mientras escribía el sinsentido del segundo párrafo. El libro se divide en cuatro partes y esta impresión de locura es la que produce durante la primera mitad de la novela. La acción transcurre con ritmo frenético mientras el escenario cambia constantemente. Ted tiene un comportamiento errático y el lector duda de si la organización le engaña o es todo lo contrario. Aunque lo cierto es que dudar, dudar, el lector duda de todo ya que hace páginas que no se está enterando de nada. Tan solo sabe que está enganchado al libro y tiene ansia por saber qué pasará con el protagonista, cuál es la motivación de su extraño comportamiento y qué es realidad y qué un espejismo, mientras devora los capítulos con fruición. 


En su tercera parte, empiezan a despejarse los cortinajes que esconden las claves de la novela aunque lo cierto es que se alumbran tantos pasajes como otros se oscurecen y siempre con la sensación de estar haciendo equilibrios sobre arenas movedizas. En la última parte, como no queda más remedio al acercarse su conclusión, las piezas empiezan a encajar para llegar a un final que consiga cuadrar todo lo narrado hasta entonces. Aunque para seguir con el tono general de libro, puede que al final no todo sea lo que parece.


La Última Salida es un thriller psicológico extremadamente adictivo. Está plagado de giros imprevistos que dotan de un ritmo vertiginoso a la novela. Los personajes están bien definidos y el autor consigue que se quiera a Ted, aunque ante tanto cambio de escenario uno llega a dudar de sus intenciones. Pero esto es claramente lo que quiere el escritor, desconcertar constantemente al lector mientras hace avanzar la historia. Cuando éste quiere darse cuenta, se halla totalmente desorientado y sin poder parar de leer, tratando de despejar el truco del laberinto tejido por el autor. Ilusa creencia ya que por mucho que uno intuya el escritor acaba ganando claramente por KO técnico. Federico Axat juega tanto con el lector que cuando finaliza la novela y el lector está orgulloso del puzzle que ha conformado para cuadrar la historia, en el epílogo descubre que las piezas no están correctamente encajadas y que muy posiblemente la imagen que refleja su puzzle no sea más que un holograma.


La Última Salida posee abundantes virtudes, -ritmo endiablado, atmósfera absorbente y una indudable adicción-, y me ha parecido un libro notable aunque no redondo debido a que la sorprendente resolución del mismo me parece muy efectista, demasiado para el intrincado andamiaje que se ha ido levantando con el transcurrir de las páginas. Aunque igual soy demasiado quisquilloso y cabeza cuadrada y es necesaria una segunda lectura para alumbrar claves esparcidas durante la narración que puedan haber pasado desapercibidas. A pesar de esta pequeña objeción, recomiendo claramente su lectura por el extraordinario dominio de la tensión narrativa que demuestra Federico Axat, que, cual un Messi de la pluma, gambetea sin parar ante el desorientado lector provocándole una muy grata sensación de vaivén y vorágine mientras devora páginas sin parar. Por si alguien no ha reparado en el apellido de uno de los personajes, la influencia del cine de David Lynch es más que evidente durante toda la narración. Reincidiré sin dudar en el autor, tanto en sus obras anteriores como las que publique en el futuro. 

Federico Axat en Goodreads


Recomendación: 
Si te gusta leer dejándote llevar ciegamente por la narración, este es tu libro.
Buscar sus libros anteriores, especialmente El pantano de las mariposas.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el pop gélido deudor de Joy Division de los rusos Motorama en sus discos Dialogues y Poverty así como la obra maestra nerd llamada The Fidelity Wars de los maravillosos Hefner.