viernes, 27 de enero de 2017

El Lado Oscura de la Broca- PODEROSA. Una crítica



Después de la agradable sorpresa que supuso BETA, el primer disco de El Lado Oscuro de la Broca y tras las buenas críticas recibidas, los zamoranos se enfrentan al reto que supone la grabación de su segundo trabajo, el de la confirmación. Para ello vuelven a confiar en Carlos Hernández, el mismo productor que llevó tan acertadamente los mandos en la grabación del primer disco.


Según se puede leer en su bandcamp, buscando inspiración para su  nuevo trabajo el grupo se subió a una furgoneta y se adentraron en un viaje por las profundidades rurales de su provincia. Al leer esto, uno se queda con cara de pazguato, ¿estarán tan confundidos que derivan hacia el folk?. Afortunadamente, este absurdo pensamiento se hunde al iniciar la primera escucha de su nuevo disco, Poderosa.


Éste se abre con el ritmo arrollador de Cartas al Apóstol, brillante primer single de letra amenazante que inmediatamente reclama la atención por su melodía pop enmarañada en capas de guitarras y una lítica batería. Sigue Frenética, otro desbocado tema donde como novedad cuentan con la colaboración de una voz femenina, María G. Mieres del grupo San Jerónimo, en que el juego de voces recuerda a Triángulo de Amor Bizarro, actuando su bonita voz como contrapunto a la agresividad del envoltorio musical. Continúa con la espídica y fugaz Estados Miembros con sus escasos dos minutos que desembocan en una incendiaria parte final instrumental. Dolomita inicia con uno de los pocos momentos de respiro del disco, respiro que finaliza rápidamente cuando las guitarras la convierten en una inquietante danza krautrock.


La secuencia de canciones formada por Ciclogénesis, La Puerta Occidental, Tras-os-Montes y Octo sigue patrones similares; temas de exhuberancia noise-rock conducidos por la implacable batería de César, dotándoles de ritmo vertiginoso sobre el que cabalgan acelerados los muros de bajos y guitarras distorsionadas, reforzados por cementosos teclados mientras la voz pugna por sobresalir en esta maraña hasta que desiste del esfuerzo en pleno crescendo, desbocándose el sonido para provocar una retorcida catarsis instrumental tan abrasiva como poderosa que rememora tanto a Sonic Youth como a los My Bloody Valentine más fieros y turbios. El disco finaliza con Ardimiento, el tema más largo, con su alucinada intro de casi dos minutos y sus seis minutos totales de intensidad creciente con letra prestada de los versos del poeta David Refoyo. Respecto al comentario inicial, toda la deriva folkie que encontramos en el álbum, se concentra en los diez segundos finales de esta canción y, siendo generosos con el género, en algunos retazos ecologistas en las letras.


Al finalizar el disco la sensación que permanece es que El Lado Oscuro de la Broca tiene claro el camino que quiere seguir, al incidir en el estilo y sonido de su disco anterior pero consiguiendo llevarlo todavía más allá, con mayor potencia, rabia y contundencia. El excelente trabajo de Carlos Hernández logra dotar de personalidad y definir el sonido del grupo entre ritmos esquizofrénicos y lluvias de feedback. A estas alturas de su carrera ya están en el grupo delantero de bandas comandadas por los enormes Triángulo de Amor Bizarro, junto con Disco las Palmeras, El Bosco o en un tono más dreamy, Linda Guilala, en un sonido que se sustenta en el noise más alquitranado y el shoegaze de mayor octanaje y lleno de aristas, surfeando sin complejos por aguas oscilantes desde el post-punk hasta el post-hardcore más agresivo. Las corrientes instrumentales plagadas de distorsion de sus canciones les conectan con grandes nombres como Big Black, Loop, Sonic Youth, Mogwai, Jesus & Mary Chain y otros a la altura de los citados.


Por todo ello, Poderosa funciona más como un conjunto, como un frenético viaje sónico de 37 minutos, que no como una colección de canciones sueltas y el único pero que le pondríamos es el orden de los temas, al colocar las dos de mayor melodía al inicio dejando el resto del LP un tanto huérfano de ella, provocando esta carencia una cierta linealidad para el oyente no entrenado en sonidos agresivos.


Poderosa es tanto un agresivo salto adelante como un contundente golpe en la mesa por parte de El Lado Oscuro de la Broca, que afirma y reafirma tanto a ellos mismos como a un tipo de sonido más agresivo que siempre ha tenido problemas para encajar dentro del rock alternativo español. Mención destacada a la, como siempre, muy cuidada edición del disco por parte de El Genio Equivocado, su sello discográfico.


 CARTAS AL APÓSTOL 

FRENÉTICA

ARDIMIENTO

PODEROSA en Spoti

jueves, 19 de enero de 2017

Neleonard- Las Causas Perdidas. Una crítica.



Seguimos los pasos a Neleonard desde que tuvimos la oportunidad de verlos tocar, e impresionarnos, en el fantástico festival Maldaltura en 2014, poco antes de su primera entrega discográfica, un mini-lp de 6 canciones llamado Agosto. Desde entonces han estado más de dos años preparando su primer disco largo, Las Causas Perdidas. Diferentes movimientos en la banda hasta conformar la alienación definitiva (Nele, Laura, Guille, Eloy, Elena y Pedro), las actividades de las bandas paralelas de algunos de sus miembros –Gúdar, Gabriel y Vencerás o Die Katapult- y el darle vueltas a las canciones hasta encontrar la palabra, la rima, el arreglo idóneo, provocaron la demora en su publicación.


Neleonard viene a ocupar un espacio en la música pop de este país que ha quedado un poco huérfano desde la disolución de La Buena Vida. Canciones bipolares que hablan de algo tan universal y cercano como el amor y su reverso oscuro, el desamor. Para ello se sirven de unas letras directas y confesionales que desprenden ilusión, entusiasmo y felicidad por un lado y añoranza, desolación y un cierto extravío por otro. Emociones cercanas y fácilmente identificables que son tratados con sensibilidad huyendo de la ñonería y la impostura. Temas muy melódicos que podemos calificar de twee pop, pop luminoso o, sencillamente, pop pluscuamperfecto basados en la excelente combinación de las voces de Nele y Laura (mención especial a lo bien que canta esta chica) y unos arropadores arreglos tan precisos como perfectos y tan variados que escuchamos desde pianos a violines pasando incluso por mandolinas.


Las canciones del disco supuran influencias de estilo y mucha clase: Heavenly, BMX Bandits y el catálogo de Sarah Records aparecen en temas optimistas como Reluces o Mariadel. El pop de cámara también tiene sitio en La más alegre y en Menos de mí, recordando inevitablemente a The Divine Comedy o Belle & Sebastian. En Seguro que es por mí, Vivir como ellos, Tu fiesta y Salvavidas transitan por parajes más desolados e intimistas asomándose a los abismos emocionales de los anteriormente mencionados La Buena Vida y los Deneuve más descarnados. Entre las canciones del disco relucen especialmente dos gemas: Coger frío y Ya ni cuento, dos rítmicos temas que recogen el testigo de todos los grupos citados anteriormente y lo llevan más adelante con dos canciones que no desmerecerían en el repertorio de ninguno de ellos. Acaba el disco con la melancólica tristeza que emana de Despedida que indefectiblemente provoca ganas de volverlo a escuchar de nuevo. A pesar de todas las influencias citadas Neleonard no realiza en absoluto un pastiche de influencias sino que las ensambla a la perfección para conseguir una sólida e irresistible voz propia.


Las Causas Perdidas es uno de esos discos sorprendentes que pueden pasar desapercibidos en un primer momento pero que se acaba convirtiendo en un fiel compañero de viaje al que recurrir una y otra vez. Enorme primer trabajo de Neleonard, sin ninguna duda.

COGER FRIO 

RELUCES

MARIADEL

LAS CAUSAS PERDIDAS EN SPOTI 


domingo, 15 de enero de 2017

Pierre Lemaitre- Nos vemos allá arriba. Una crítica





Pierre Lemaitre se dio a conocer por la serie del comisario Verhoeven y alguna otra novela negra como Vestido de Novia. En la que casi podríamos calificar como su primera obra fuera del género noir, Nos vemos allá arriba, ganó en 2013 ni más ni menos que el Premio Goncourt, prestigioso premio que otorga una retribución anecdótica pero asegura una cifra de ventas que catapulta a la popularidad definitiva.

La acción se sitúa en los primeros días de noviembre de 1918 y mientras los rumores del armisticio, y con ello el final de la I Guerra Mundial, empiezan a llegar al frente, la ambición del teniente d’Aulnay- Pradelle provoca un estúpido ataque contra las líneas enemigas en el que acaban siendo heridos en circunstancias poco claras tanto Albert Maillard como Édouard Péricourt. El hecho de que, antes de caer gravemente herido, Péricourt salve la vida a Maillard, les unirá con un lazo de invisible fidelidad imperecedera que provocará que no se separen ni un momento hasta que el herido abandone el campamento con destino a una clínica donde poder recibir tratamiento y así recuperarse.

Una vez terminada la guerra Maillard logra dar con Péricourt. Ante las graves secuelas de su herida que le provocan una gran deformación facial y otros problemas familiares, este último decide renunciar a sus orígenes e iniciar una nueva vida convirtiéndose Maillard en su fiel escudero. Por otra parte, Pradelle valiéndose de los réditos conseguidos como héroe de guerra, logra posicionarse en la alta sociedad parisina. Tanto el arribista y ambicioso ex teniente como sus antiguos subordinados tratarán, cada uno en su ámbito y por separado, de aprovechar las oportunidades de negocios generadas por los homenajes a los caídos en la contienda para tratar de conseguir riqueza y resolver sus vidas. Solo tienen un pequeño inconveniente, no tienen capital para invertir. A pesar de ello, a base de ambición Pradelle y de picaresca e ingenio, los heridos, intentarán conseguir sus propósitos aunque sea a costa de estafar a todo un país.

En anteriores novelas del autor, éste nos había parecido ligeramente tramposo por el hecho de ocultar información al lector, información muy importante ya que era la que explicaba el errático comportamiento de los personajes. Esto no ocurre en absoluto en Nos vemos allá arriba. En ella, Pierre Lemaitre ofrece un gran relato tanto cuando habla de la I Guerra Mundial como cuando lo hace de la Francia de posguerra. Describe a la perfección la alienación de los soldados dentro de un regimiento así como la sociedad de 1920 que recibe a unos excombatiente que ya no encajan en ella. También el ambiente de la lujosa alta sociedad junto con el malvivir en las calles de los desheredados. La narración tiene mucha fuerza y vigor, es ambiciosa por todo lo que abarca y está llena de detalles que ayudan a situar al lector y hacerle seguir muy de cerca la acción. Los personajes son muy potentes y su perfil psicológico está perfectamente descrito: la codicia y falta de escrúpulos del aristócrata venido a menos Henri d’Aulney- Pradelle dispuesto a cualquier cosa con tal de trepar en la alta sociedad, la bondad y subordinación del pusilánime Albert Maillard, la sensibilidad artística y testarudez de Édouard Péricourt a quien el rechazo de su padre  le hace renegar de sus apellidos y con ello, de su adinerada familia. Pero no solo los principales, el resto de personajes que transitan por las páginas de la novela están espléndidamente configurados. Desde aquí preferimos las páginas que narran las intrigas del arrogante trepa Pradelle y la aparición de alguno de los potentes secundarios, como el singular justiciero Joseph Merlin, ya que tanto la blandura de Albert como el resentimiento estúpido de Édouard igual se merece un par de collejas bien dadas ya que su comportamiento, por momentos, ralentiza el ritmo de la narración. Las tramas y subtramas están perfectamente enhebradas y se cruzan y entrecruzan continuamente logrando mantener la tensión y la atención hasta la última página. Al finalizar el libro vemos que tiene 439 páginas pero han ocurrido tantas cosas que da la impresión de que se hayan leído muchas más.

Nos vemos allá arriba es un claro alegato antibelicista denunciando la inutilidad de las contiendas que solo arrojan pérdidas de víctimas humanas para no conseguir nada tangible en la mayoría de las ocasiones. Pone de manifiesto el egoísmo humano que no duda en sacrificar vidas de semejantes con tal de conseguir sus propios propósitos, si esto se ve un contexto tan peculiar como una guerra cómo no va a producirse posteriormente en los negocios cuando la finalidad es enriquecerse sin medida. Entre sus páginas también se refleja la dificultad de adaptarse de nuevo a la sociedad por parte de los combatientes que han regresado del frente, una sociedad que les recibe como héroes pero donde –en muchos casos- ya no tienen cabida y el sentimiento de culpabilidad de esta misma sociedad hacia los caídos en la confrontación traducida en grandes y fastuosos homenajes. La diferencia de clases está plasmada en la diferencia entre los lujosos salones que pisa Pradelle y los cuchitriles sitos en barrios desfavorecidos donde habitan los dos amigos. Todo esto está relatado con abundante cinismo y humor negro, aún a pesar de tratar temas tan solemnes e intocables como la gloria nacional, el patriotismo y el homenaje a los caídos.

Pierre Lemaitre ha escrito un libro magnífico, un libro que rápidamente ha obtenido aroma de clásico. Nos vemos allá arriba es un relato excelente sobre el egoísmo y la miserable condición humana en el entorno de la reconstrucción, tanto física como moral, de un país descubriendo los turbios y lucrativos negocios generados por la construcción de cementerios para poder enterrar con dignidad a las víctimas de la guerra. Sobre sus páginas iniciales planea la sombra de Senderos de Gloria de Stanley Kubrick y en el resto de la historia se pueden apreciar rastros de la causticidad de Céline y, utilizando el recurso fácil, por la procedencia del autor de Balzac, Zola y Alejandro Dumas


Otras Reseñas de Pierre Lemaitre:
ALEX   


Pierre Lemaitre en la Wikipedia

Recomendación: 
Leer este libro, sin duda. Si se quiere seguir con el autor conseguir la colección del comisario Verhoeven pero empezando por Irene, importante abrirla por el inicio.
Dejarse guiar por el palmarés del Goncourt, posiblemente el premio literario más atinado que existe.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el delicioso When you need me the most de Alpaca Sports, el digno Here de los incombustibles Teenage Fan Club y la bomba sónica llamada Poderosa de los sorprendentes El lado oscuro de la broca.

sábado, 7 de enero de 2017

Irvine Welsh- Skagboys. Una crítica




En este 2017 recién iniciado escucharemos muchísimo el nombre de Irvine Welsh. El escocés ya es sobradamente conocido gracias al éxito mundial de Trainspotting (gracias a que el cine catapultó la popularidad de la espléndida novela) y en un par de meses se estrenará la película basada en su continuación, Porno. Tal y como está montado el negocio cinematográfico, por poco éxito que tenga, la próxima película estará basada en Skagboys, que es precisamente el libro que reseñamos.

Esta novela, a pesar de ser la última publicada se sitúa cronológicamente como la antecesora de Trainspotting. En ella, encontramos al grupo de protagonistas: Renton, Sick Boy, Spud, Begbie, junto con otros de sus amigos, recorriendo las calles de su Leith natal poco tiempo después de cumplir veinte años, durante la primera mitad de la década de los ochenta.


En el punto de partida, Renton es un chico inteligente y avispado que partiendo de sus orígenes humildes está estudiando en la Universidad de Aberdeen, siendo el orgullo de su familia. Sick Boy, por herencia de sus genes italianos, es un casanova, un rompecorazones cuyo objetivo es ligarse al mayor número posible de chicas. Spud es un pusilánime y tiene un problema claro de falta de autoestima, siempre inseguro y buscando la aprobación de los demás y Begbie es un psicópata y un delincuente, un camorrista arrogante que siempre acaba recurriendo a la violencia, un indeseable al que es mejor tener por amigo que por enemigo. Con muchísimo tiempo libre por la falta de oportunidades laborales se dedican a ir al pub a emborracharse, al estadio a ver a su equipo de fútbol -los Hearts de Edimburgo- y pelearse con la afición rival, y a estar de juerga y ponerse el máximo tiempo posible. 

Este universo común y más o menos normal cambia con la aparición en gran escala de la heroína en la ciudad. Lo que empieza siendo curiosidad se convierte en muy poco tiempo en una necesidad vital, en una adicción y dependencia. Con el transcurrir del libro y el aumento de consumo de jaco, asistimos gradualmente a la espiral de autodegradación en la que han entrado los protagonistas. Renton abandona la Universidad y sus sueños, Sick Boy casi pierde el interés por las mujeres, Spud se hunde y Begbie, como buen zumbado, sigue totalmente a la suya sin sucumbir a la droga debido a que su adicción a la violencia es superior. Al convertirse en yonkies a tiempo completo, sus relaciones familiares se deterioran, sus amistades se distancian y sus prioridades vitales cambian siendo lo único importante el conseguir dinero para consumir. Cuando un corte en el suministro de heroína provoca una sequía total, las consecuencias son catastróficas para los personajes.


No revelamos demasiado del argumento aunque tampoco haría falta ya que más que un desencadenante de la acción o una misión en los protagonistas, la novela narra su día a día. En esa cotidianeidad y en la construcción de personajes es donde Irvine Welsh es un maestro. Explica las arrabaleras andanzas de los chicos con total naturalidad y ningún tipo de cortapisas y logra dotarlas de un contagioso atractivo que no tiene la vida real. Da voz a muchos integrantes del ecosistema de Leith, no solo a los cuatro protagonistas, entrecruzando sus historias y puntos de vista. En esas noches de fiesta, en las pequeñas aventuras en que se meten es donde realmente se disfruta de la escritura de Welsh. Incluso con las muchísimas referencias culturales y el uso del argot local -mención especial al traductor habitual de las obras del escocés, Federico Corriente, por el ingente trabajo que le habrá supuesto cazarlas todas-. La gran cantidad de detalles que aporta, la naturalidad y el entusiasmo de su narración provoca que el lector asista a las correrías de los personajes como si fuese su sombra, tan solo un metro por detrás de ellos, encajando con facilidad las piezas que conforman el puzzle que conforma Leith y las motivaciones de sus actos.


Skagboys refleja dos importantes problemáticas entre sus páginas utilizando a los personajes como pantallas de las mismas. Por un lado, la consecuencia de las desastrosas políticas conservadores de Margaret Thatcher que entre reconversiones de sectores industriales, flexibilización del mercado de trabajo y restricciones continuadas consiguió triplicar las cifras de paro en poco tiempo. Además las continuas modificaciones de los registros de estos índices provocó que fuese un número confuso y con elevadas irregularidades. La crítica devastadora que supone el libro contra la “Dama de Hierro” se refleja claramente en esta frase: cientos de millares de jóvenes de clase trabajadora del Reino Unido, al no tener ocupación, tenían mucho menos dinero en el bolsillo y disponían de mucho más tiempo. Tiempo que en gran parte se ocupaba en correrías similares a las de esta novela.


Por otra parte, el libro refleja el escalofriante proceso de la adicción a la heroína. El título no engaña, Skag es heroína en slang o argot. Skagboys lo relata descarnadamente y sin ningún tipo de compasión. Desde la inicial atracción hacia la droga y su sensación de bienestar inmediato e incluso de una cierta invulnerabilidad, hasta llegar –casi sin darse cuenta- al enganche y necesidad de consumir con regularidad, mientras el adicto se autoengaña y piensa eso de “yo controlo, solo un poco y lo dejo cuando quiero”, sin querer reconocer que se ha convertido en un zombie, solo pendiente de que la droga circule por su sangre y le permita tirar adelante sin colapsarse hasta la urgencia del próximo pinchazo  que, como una bestia acechante e implacable, cada vez muerde antes ofreciendo menor tiempo de tregua. Una vez llegado este momento, el drogadicto está dispuesto a realizar cualquier cosa con tal de conseguir su dosis emprendiendo una veloz carrera destructiva hacia la ignonimia personal. La conjugación de la adicción severa con la escasez de dinero conduce indudablemente al callejón sin salida de la delincuencia. También muestra la aparición de un nuevo y terrible mal, el SIDA, y las consecuencias devastadoras, en esos años, principalmente entre los que se pinchaban compartiendo jeringuillas.


Skagboys es otra grandísima obra de Irvine Welsh. Sus 667 páginas están repletas de acción, mordacidad, gamberrismo y crítica social y el ir avanzando la lectura es un auténtico deleite. Incluso en las bajadas a los infiernos de los personajes el lector no deja de admirarse de la pericia del escritor. Tan solo baja un poco el ritmo frenético con la transcripción del diario personal de uno de ellos, lectura del mismo que se hace ligeramente fatigosa aunque posteriormente recupere el tono con facilidad.


Irvine Welsh es un narrador apabullante y Skagboys ocupa un lugar muy alto entre sus novelas, lo cual es un grandísimo elogio. De hecho, entran ganas de releer Trainspotting y Porno para seguir los pasos de los muchachos que pueblan sus páginas. Desde aquí nos rendimos ante Skagboys y, una vez más, ante el enorme talento de Irvine Welsh.

Otras Reseñas de Irvine Welsh:
CRIMEN

Irvine Welsh en la Wikipedia

Recomendación: 
Irvine Welsh, así de fácil.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el abrasivo Atomizer de Big Black y el delicioso compendio de twee pop The Rise and Fall of BMX Bandits del grupo de mismo nombre. El de Big Black encaja pero lo cierto es que los BMX Bandits no tienen nada que ver con el punk o northern soul que gusta a los protagonistas de la novela.