domingo, 5 de febrero de 2017

Charles Bukowski- Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Una crítica.




En la vida hay que tener asideros, referentes que te den seguridad, y hablando de literatura, Charles Bukowski es un agarradero perfecto porque nunca decepciona. En un período de descanso después de varios libros absorbentes, me apetecía sumergirme de nuevo en los relatos del maestro irreverente y para esta finalidad Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones es un libro perfecto.


Los cuentos de este libro se sitúan a a finales de la década de los sesenta y inicios de los setenta, justo cuando el escritor deja su trabajo en Correos (US Postal, supongo) y quiere dedicarse íntegramente a escribir. Como es bien sabido, habitualmente los relatos de Charles Bukowski son autobiográficos y en esos años tratan temas como; la dificultad para vivir de la literatura, su enorme y poderosa afición a beber sin ningún tipo de mesura, el sexo y los ocasionales trabajos en la más baja escala de la cualificación laboral que va desempeñando para financiar su mencionada afición a la bebida y, si sobra algo, a las carreras de caballos. Trabajos meramente ocasionales porque duran hasta que tras cualquier noche de borrachera deja de acudir a ellos.


De entre estos diecinueve cuentos, todos ellos de extensión inferior a quince páginas, destacaríamos Quince centímetros, en el que el protagonista se casa con una mujer con fama de bruja y poco a poco, va disminuyendo de tamaño hasta llegar a la medida del título. Cuento con indudable reminiscencia a El Increíble Hombre Menguante de Richard Matheson; La chica más guapa de la ciudad, donde homenajea cariñosamente a una muchacha tan bonita como inestable, tan tierna que siente atracción por los feos pero gobernada por una preocupante tendencia suicida; El asesinato de Ramón Vásquez, en el que dos ladronzuelos golpean hasta la muerte a un viejo galán del cine mudo que amablemente les había recibido en su mansión; Un 45 para pagar los gastos del mes, relato en que habla de la relación de un atracador con su hija de 6 años y de su imposibilidad para renunciar a su vida delictiva, a pesar de los peligros que esto supone; La gran boda zen, donde un Bukowski excesivo y desatadamente borracho actúa como padrino en la boda zen de unos amigos suyos y la lía mientras se ríe del montaje de la ceremonia y de los asistentes a ella; Nacimiento, Vida y Muerte de un periódico underground, en el que narra su colaboración con el periódico alternativo Open City, evidentemente con nombre cambiado, haciendo hincapié en el ascenso del periódico hasta que su mismo editor no pudo controlarlo. Las columnas que escribía en dicho periódico se recogieron posteriormente en Escritos de un Viejo Indecente; Un compañero de trago, o de cómo Bukowski halla al mejor compadre de bebida que haya encontrado nunca, aunque al ponerse violento éste se comportase de manera violenta y fuese algo sádico; Una ciudad maligna, relato extremo sobre la presencia del sexo en la cotidianeidad, pintando como obsesos a sus conciudadanos; Kid Stardust en el matadero, donde en una exagerada y divertida narración detalla el primer día de trabajo en un matadero. Una jornada laboral tan exageradamente sobrehumana que no es más que el reflejo de la imposibilidad del escritor de desempeñar un trabajo normal; Doce Monos Voladores que no querían fornicar adecuadamente, alucinado cuento donde se refleja su desesperación ante la dificultad del despegue de su carrera como escritor y el escaso éxito de sus inicios.



Es fascinante la facilidad que tiene Charles Bukowski para crear libros y relatos a partir de sus propias experiencias. Como he dicho antes, la gran mayoría de los cuentos son autobiográficos aunque, tal y como aclara el escritor por si acaso, El asesinato de Ramón Vásquez es pura ficción. Usa un lenguaje descarnado y sin cortapisas para narrar sus desventuras y, especialmente, su desmedida entrega a la bebida y sus más bajas pulsiones. Sus personajes no acostumbran a ser amables y no superarían un juicio moral objetivo, de hecho, en muchas ocasiones son despreciables. No tiene demasiada buena consideración de él mismo ni, mucho menos, de la sociedad que le rodea repleta de hipocresía, falsa moral y estupidez. Se le ha calificado de narrador de los desheredados de la sociedad, aunque discrepo de este calificativo ya que no se puede calificar como tal a quien toma un camino alternativo por voluntad propia, aunque bien es cierto que ataca sin piedad al poder del Estado y la burocracia necesaria para ello. Bukowski es consciente de su imposibilidad de adaptarse a un trabajo de oficinista, conocedor de que gastará hasta el último de sus centavos en alcohol, mujeres o apuestas de caballos sin importarle las consecuencias de sus irresponsables actos. El milagro es que sea capaz de narrar su propio universo con esta cercanía, brillantez y una extraordinaria fuerza narrativa repleta de cáustico humor negro, características todas estas que le emparentan claramente con su maestro, John Fante.



Leer a Charles Bukovski puede llegar suponer un esfuerzo para acostumbrarte a la abruptez y precisión escatológica de su narración, en ocasiones desagradable. El escritor se vale de sus exagerados personajes para lograr que el lector se reconozca en situaciones, impulsos o deseos que tiene o ha querido tener pero nunca reconocerá en voz alta. Leerle es identificarse con el nihilista, el descreído. Leer a Bukowski en estos tiempos de tanta falsa corrección impostada es reivindicarle y reivindicar el libre pensamiento y, solo por eso, nunca hay que dejar de hacerlo. Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones es otra estupenda colección de relatos que puede abrirte la puerta a un universo tan propio como característico. 

Charles Bukowski en la Wikipedia


Recomendación: 
Charles Bukowski, si alguien quiere empezar con él que lo haga con La Senda del Perdedor, crónica de la infancia y juventud del mismo. John Fante.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el magnífico I See You de The XX, el sorprendente e hipnótico Skin de Animic, el muy luminoso El Fin del Mundo en Mapas de los poco reconocidos Maronda y el adorable Las Causas Perdidas de Neleonard. 
Sí, soy pesado con este último disco, pero ya se ha convertido en un fiel compañero. Puestos a poner notas a pie de página, destacar que sigo sin comprender cómo un grupo magnífico como Maronda puede tener tan poca repercusión con la cantidad de grupos morrallosos, y muy inferiores a ellos, que transitan con éxito en el pop-rock español.


4 comentarios:

  1. La mayoría de los libros que reseñas o no los conozco o no los he leído, lo cual está muy bien para coger ideas pero muy mal para dejar algún comentario interesante en la entrada. En este caso por lo menos puedo decir que he leído un libro de Bukowski, Cartero, y que me gustó bastante, sobre todo por el estilo, pero creo que si repitiese con el autor me acabaría cansando la temática.

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    1. Los comentarios siempre son interesantes y se agradecen las aportaciones.

      En cuanto a Bukowski, cuando te apetezca léete La Senda del Perdedor y me dices. Creo que puede gustarte mucho. Por cierto, Cartero es una delicia.

      Gracias por comentar.

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  2. Es cierto que leer a este hombre siempres supone un choque por el esfuerzo que hace falta para no apartar la mirada. sin embargo, ese realismo sucio que tiene tan bien depurado ha hecho que me lea todos sus títulos. (Los últimos son un poco más flojetes, lo reconozco)
    Besos

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    1. Pienso similar, Charles Bukowski no admite medias tintas. O lo dejas a las pocas páginas del primer libro o lees todo lo que ha publicado.

      Besos

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