martes, 21 de junio de 2016

Rafa Melero Rojo- La Penitencia del Alfil. Una crítica.


 
El año pasado sorprendió gratamente el debut de Rafa Melero Rojo, La Ira del Fénix, con su personaje principal, el sargento de los Mossos d’Esquadra, Xavi Masip. Al publicar la segunda novela de la saga, La Penitencia del Alfil, asistimos a una de sus presentaciones comprándolo con avidez pero lo cierto es que publicamos la reseña con un cierto retraso, justo cuando ya ha entregado su nueva novela Ful (en la que deja descansar a su personaje habitual).

En el inicio de la acción, Xavi Masip se halla en situación de excedencia y, a través de un amigo común, conoce a Alejandro Arralongo, inspector jubilado del Cuerpo Nacional de Policía y residente en Madrid, que le pide ayuda para esclarecer una investigación no resuelta que le ocupa desde hace veinte años.

A pesar de ser el instigador, el propio Alejandro no está demasiado convencido del posible éxito de esta extraña pareja pero aún así le explica el caso del psicópata al que persigue y de su patrón de comportamiento: solo aparece en unos días concretos cada diez años, secuestra a tres personas de las que solo sobrevive una pero con graves heridas de arma blanca y sin recordar absolutamente nada y como detalle macabro, tiene sobre su cuerpo las orejas de una de las víctimas. El autor no deja ningún rastro excepto unas notas incomprensibles.


Como no podía ser de otra manera, Alejandro le revela que la próxima semana se cumple una década exacta de su última aparición y que deben actuar por todos los medios antes de que el psicópata vuelva a actuar, desapareciendo triunfalmente como en las ocasiones anteriores. Y entonces, reciben la noticia de dos secuestros en Barcelona y saben que la cuenta atrás para detener al asesino ha empezado.


Al igual que en su obra anterior, cuenta con un psicópata metódico que sigue un inquebrantable libro de ruta y está tan seguro de su superioridad que deja pistas a sus perseguidores para que traten de averiguar sus siguientes pasos. Aunque eso no quiere decir que se lo ponga fácil en ningún momento, juega con ellos mientras el tiempo se consume y las investigaciones no avanzan. Esto provoca que “la extraña pareja” tenga que dedicarse a repasar minuciosamente todo lo acontecido en los crímenes anteriores en busca de algún detalle, algún indicio que les pueda aportar algo de luz sobre su caso y ponerse en el lugar del asesino para poder prever así su comportamiento y próximas actuaciones.


Conocíamos a Xavi Masip pero el resto de los personajes son novedosos y están trazados con gran fuerza, especialmente un desconfiado Alejandro Arralongo que solo deja atisbar todo lo que sabe y como a través de la confianza va abriéndose, reflejando las profundas consecuencias que este caso ha tenido sobre él tanto profesional como personalmente. Siguiendo esquemas de “buddy movie” a pesar de las evidentes diferencias entre los dos, acabarán confiando el uno en el otro y uniendo esfuerzos para avanzar ante los obstáculos de la investigación. Como pasa en estos casos, el malo de la película genera un poderoso atractivo sobretodo el poder conocer las claves tanto de su perverso comportamiento como de su singular modus operandi.


En esta ocasión el trabajo sucede fuera de la comisaría, siendo la investigación mucho más un proceso de estudio y de trabajo de campo. Puede que sea resultado de sus años de actividad profesional o tan solo una creación de su imaginación para hacer más atractiva la historia pero el autor saca a colación la dificultad en la colaboración entre dos cuerpos policiales, Mossos d’Esquadra y CNP –aunque se trate de un policía jubilado y un agente en excedencia- reflejando el desconocimiento e incluso desconfianza que puede producirse entre diferentes cuerpos. Aunque terminen uniéndose para el buen fin común, el autor nos deja desperdigadas diferentes cargas de profundidad que critican el afán por llamémoslo así, de colgarse las medallas aunque sea a costa de desprestigiar a los demás, hecho éste que hemos visto reflejado varias veces en la realidad, siendo más notorio si tenemos en cuenta el momento político que vivimos en Catalunya.


Rafa Melero Rojo ha crecido mucho como escritor desde su trabajo anterior. En esta novela refleja un mayor dominio de la puesta en escena, atreviéndose incluso a dar algún sorprendente golpe de efecto que desorienta totalmente al lector derribando las erróneas conclusiones a las que había llegado. La narración tiene fuerza, su pulso es más firme y el autor no duda en introducirse con mayor profundidad y determinación en la sordidez de la mente humana, logrando a la vez un ritmo vigoroso que mantiene tanto la atención como la tensión, especialmente en su trepidante parte final, logrando una lectura muy adictiva. La única crítica que le haríamos a la novela es una relación sentimental que aporta más bien poco.


La Penitencia del Alfil supone un claro paso adelante de Rafa Melero Rojo que le sitúa en el camino de autores consagrados como Lorenzo Silva o Alicia Giménez- Bartlett,  con una marcada voz propia y logrando que Xavi Masip sea ya uno de nuestros investigadores preferidos. 


Rafa Melero en la Wikipedia
Recomendación: 
Ful, el nuevo trabajo del autor. La obra de Lorenzo Silva.
Durante esta reseña escuché el maravilloso y gélido Harmony de The Wake, el majestuoso Takk de Sigur Ros, la obra de arte de bolsillo llamada Ovations de los nunca suficientemente reivindicados Piano Magic así como el sorprendentemente lozano Climate of Fear de los veteranos post-punkers B-Movie.


2 comentarios:

  1. Lo de la novela negra es un boom que no remite. Anoto mentalmente el nombre de Rafa Melero para seguirle la pista. Mi padre es fan del género así que mis hermanos y yo siempre andamos buscando nuevos talentos para los regalos de cumpleaños y de Navidad.

    Por cierto, ¿te has leído lo nuevo de David Llorente?

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  2. Tienes toda la razón, está muy de moda aunque si el producto es de calidad, bienvenido sea. Vale la pena seguirle la pista a Rafa Melero. Este La Penitencia del Alfil me ha gustado muchísimo.

    No he leído todavía Madrid: frontera, pero le tengo muchísimas ganas.

    Saludos

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