domingo, 29 de noviembre de 2015

César Pérez Gellida. Dies Irae - Consummatum Est. Una Crítica.






Ya hace casi 2 años de la reseña de Memento Mori, el primer libro de la trilogía Versos, Canciones y Trocitos de Carne de César Pérez Gellida, y a pesar de que me gustó mucho y de que compré rápidamente los otros dos títulos– Dies Irae y Consummatum est-, no había encontrado el momento de leerlos como debe hacerse, seguidos.



Durante este tiempo la repercusión del autor ha crecido significativamente, hasta ser punta de lanza del éxito de la novísima novela negra española junto a Dolores Redondo con su trilogía de Baztán y los espléndidos libros de Víctor del Árbol, gracias al enorme éxito de Versos, Canciones y Trocitos de Carne, siendo calificado mayoritariamente como el Stieg Larsson español (estrategias publicitarias de la editorial) e incluso, ya ha publicado una nueva novela titulada Khimera.



Dies Irae sitúa la acción en diferentes puntos de Europa. Por un lado Valladolid, donde Ramiro Sancho lleva unos meses desnortado y totalmente obsesionado con el caso de Augusto, hasta el punto de solicitar una excedencia para recuperarse, aunque realmente su objetivo es seguir investigando sin ataduras. Por otro, Belgrado, donde Carapocha y su hija, Erika, -a la que se ha acercado muchísimo en los últimos tiempos- se dedican a perseguir criminales que no pueden ser detenidos por vías –digámoslo así- habituales. Y para finalizar la italiana Trieste, lugar al que se ha desplazado Augusto inspirado por James Joyce. En esta ciudad tarda poco en volver a asesinar y gracias a la prensa internacional, Carapocha reconoce fácilmente su firma y avisa al Inspector Sancho de la reaparición del sociópata.   



Mientras Augusto recupera y persevera en sus actos, Ramiro va siguiendo sus pasos- siempre muy por detrás-, y Carapocha y su hija buscan al culpable de la matanza de Srebenica en la Guerra de los Balcanes, por motivos universales y particulares. Los universales son de sobra conocidos, los particulares por considerarle culpable de la muerte de su esposa y madre respectivamente.



Ante la perfección e impunidad de sus actos, Augusto se siente reforzado e incrementa las aportaciones a su obra (tal y como Augusto llama a su colección de asesinatos), hasta el punto de desplazarse por diferentes puntos de Europa, llegando hasta Islandia donde ajusta cuentas pendientes con viejos enemigos, y por varias ciudades de Europa Central con la excusa de seguir la gira del grupo musical Rammstein.



Ante la estela de cadáveres, la Interpol toma cartas en el asunto y crea una unidad especial, una suerte de Liga de Hombres Extraordinarios conformada por Carapocha, Ramiro Sancho, Gracia Galo (inspectora de policía de Trieste) y Ólafur Olafsson (comisario islandés) para que unan sus esfuerzos para capturarlo. Augusto seguirá tan escurridizo y perfeccionista como siempre, aunque sin poder ni querer evitar incrementar su obra y, como buen narcisista ansioso de reconocimiento, dejará su sello en cada uno de los crímenes y consiguirá llevar siempre ventaja a sus desconcertados perseguidores.



Podemos diferenciar entre los dos libros, mientras en Dias Irae se incide más en la parte psicológica (conocemos más a Augusto y la evolución de su mente hasta dar el paso y convertirse en un asesino, el pasado de Carapocha y sus relaciones personales, y la situación al límite del Inspector Sancho) y en el desarrollo de las situaciones, en Consummatum est la concatenación de situaciones plasmadas por el autor y el atisbo de su posible resolución, provoca que el lector entre en una montaña rusa de sensaciones y devore las páginas del libro acrecentándose la sensación de ritmo y acción frenética, llevando al lector a desear terminar el libro para saber quien ganará: el bien o el mal. ¿O habrá alguna nueva sorpresa al final?. César Pérez Gellida nos muestra un excelente dominio de cómo encauzar la acción hacia un final trepidante.



El escritor ha creado unos personajes magníficamente dibujados: Augusto sigue siendo el mismo hedonista refinado del primer libro avanzando enloquecido por el asfalto de un camino sembrado de muerte, esperanzado en conseguir la eternidad gracias a la repercusión de su obra. Ramiro Sancho, en zozobra continua y superado por la situación tanto a nivel profesional como personal –que por la actuación del asesino se interrelacionan fácilmente-, convirtiéndose la búsqueda del sociópata en su motivación vital. Carapocha y sus múltiples capas que envuelven al frío especialista en psycho killers, al padre protector y al vengador justiciero entre otros. La inspectora Gracia Galo con su total dedicación al trabajo, hecho que le da seguridad ante el vértigo que le produce cualquier decisión en su ámbito personal. Olafur… y su alcoholismo autodestructivo para encubrir su fracaso a nivel humano. Erika, tan enferma como dura; vulnerabilidad revestida de acero.



También quería destacar el magnífico trabajo de documentación llevado a cabo por el escritor, especialmente reflejado en las referencias hacia la guerra de los Balcanes. El resultado es francamente brillante, aportando luces a unos hechos que permanecen oscurecidos en la conciencia colectiva europea.



Al igual que en Memento Mori, las referencias tanto a clásicos de la literatura universal como  musicales son constantes, dando –en esta ocasión- nombre a los capítulos canciones tanto de Love of Lesbian como de Vetusta Morla. A quien no le guste la música simplemente obviará estas referencias pero su elección ayuda a comprender a Augusto y sus estados de ánimo. Aunque, pequeña crítica, por un lado tanta música actual referencia el libro a un momento demasiado concreto y por otro, un personaje de gusto tan refinado como Augusto no admiraría a un grupo tan superficial como Vetusta Morla.



Como ya comenté anteriormente, a pesar de que se compare a César Pérez Gellida con Stieg Larsson, Augusto Ledesma recuerda poderosamente al Patrick Bateman de Bret Easton Ellis –técnica quirúrgica con perfección en su ejecución, gustos refinados, presentes referentes musicales- o incluso tiene mayor similitud con Jo Nesbö que con el citado autor sueco, aunque contra las estrategias de marketing difícilmente se puede luchar.



Que a nadie le asuste el tamaño de los libros, uno se sorprende de la rapidez con que se lee. La adicción provoca velocidad de lectura y esta trilogía es una demostración palpable de ello. Leer Versos, Canciones y Trocitos de Carne conllevará horas robadas al sueño pero compensa sobradamente con oleadas de frenesí y aullidos desenfrenados de gozo.

César Pérez Gellida en la Wikipedia

Recomendación: 

Evidentemente la trilogía Versos, Canciones y Trocitos de Carne así como acercarse sin miedo a las nuevas voces de la novela negra española: Víctor del Árbol, Dolores Redondo, Alexis Ravelo, Susana Hernández e incluso Carlos Zanón, entre otros.
Mientras escribía esta reseña escuché el muy oscuro Mirror Being de The KVB (banda sonora ideal de película de terror psicológico), el delicioso No son tu Marido de Hazte Lapón, el sorprendentemente bueno Wire de Wire así como el ensoñador Regiones Devastadas de Blacanova.
SPOTI VERSOS, CANCIONES Y TROCITOS DE CARNE CREADO POR SU AUTOR


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Luís Brea y el Miedo. Mil Razones.


Mil razones para ser feliz.
Le pegaste otro traguito, 
llegaste tarde y pediste ron.
 Hace tiempo que quería venir,
 me han hablado de este garito.
 Contestaste levantando la voz, 
acercaste tu boca a mi oido. 
Empezó la canción, dijiste:
 me encanta esta parte.
 Pues yo vivo cerca de aquí.
 ¿Te vienes un ratito? 
Busqué a estos y me despedí
 sin decir adiós.
 luz indirecta en el salón
 te dio por compartir 
lo que quedaba de tu corazón deshecho
 y en una bolsita.
 Vistas a un patio interior
 pusiste otra copita, 
tropezaste con el escalón.
 Vaya cardenal cuando te quité el pantalón.
 Dijiste: me encanta esta parte, 
me encanta esta parte.
 Y mis dedos tocaron años de evolución 
y mis dedos tocaron años de evolución.
 Conclusiones al amanecer: 
esto no puede ser.
 Tu buscas formas en las nubes 
y yo en el gotelé.
 Lo hicimos otra vez porque sí
 y casi dijiste 'te quiero'
 yo te pedí un ibuprofeno,
 sonreíste echando el humo de un Chester 
por la nariz.
 Dijiste: me encanta esta parte.
 Me encanta esta parte. 
Hay mil razones para ser feliz,  
hay mil razones para ser feliz.
 Pregunto.
 Y mis dedos tocaron años de evolución 
y mis dedos tocaron años de evolución

Luís Brea y el miedo- Luís Brea y el miedo. Una crítica.

Crítica publicada durante el mes de agosto de 2015 que los señores de Blogger han decidido actualizar a Noviembre 2015 aprovechando que el grupo está de gira.

Durante el mes de marzo se publicó el segundo LP de Luís Brea llamado Luís Brea y el miedo. Siguiendo la recomendación de amigos cercanos y a pesar de no conocer su trabajo anterior, me puse a escucharlo un tanto a ciegas. Después de esa primera escucha he de decir que es uno de los discos que más ha sonado en mi reproductor durante este año debido a que es un trabajo magnífico.

Indagando sobre el artista, destaca que a diferencia de su disco anterior que fue más de estilo cantautor, en éste se ha rodeado de otros músicos teniendo un formato de banda e incluso cambiándose el nombre a Luís Brea y el miedo, estando actualmente formado por Luis Brea (voz y guitarra), Jorge Martí (guitarra y sintes), Lázaro Fernández (Batería), Nacho Mora (bajo y coros) (información cortesía de MondoSonoro).

El disco cuenta con 10 canciones que se hacen muy cortas. Su arrebatadora cara A es de las mejores que se han publicado en este país en los últimos años, con temas como Mil Razones, con su lento inicio y su continuado crescendo,  es una caramelo delicioso que gana con las escuchas. Destaca sobremanera la canción y single inicial, la rotunda El Verano del Incendio, que comparte aceleración y ritmo con las siguientes Parchís y Discotecas (con su delirante letra), temas enérgicos que cuentan con tarareables estribillos.


A pesar de que la primera mitad del disco sea espectacular, las virtudes del mismo continúan al darle la vuelta donde encontramos canciones como Más de Veinte, Resurrección (con su guitarra deudora de la primera época de The Cure), Tres Cruces o la última, la muy ochentera Singles que provocan que la escucha del disco sea fascinante no parando de descubrir joyas entre sus surcos.


El sonido del disco es muy compacto, con múltiples referencias pero rezumando personalidad propia: bajos rítmicos muy protagonistas conteniendo a las guitarras hasta que estas se desbordan, guiños a los años 70 (My Sharona), algunas guitarras surf e incluso ramalazos a Los Planetas más desbocados y a los The Jesus & Mary Chain más melódicos. Hasta cuenta con un par de temas de su faceta como cantautor: Hada Roja y After Crisalida, en los que la manera de cantar de Luís Brea, desganada y con un timbre ligeramente vacilón, echa de menos la presencia de bajos y guitarras que la enmarquen y complementen, como ocurre en la gran mayoría del disco.


Las letras, principalmente basadas en las relaciones amorosas, son muy certeras, evocadoras y no dejan de estar salpicadas de una cierta acidez, relatando historias más o menos cotidianas y con múltiples referencias, hecho éste que las hacen cercanas y cómplices con el oyente.

Luís Brea y el miedo es un disco delicioso destinado a ser escuchado muchas veces y a popularizar el nombre de su autor. Al igual que decíamos en la crítica del disco de Maronda, a ver si los programadores de los festivales empiezan a tener en cuenta estos nombres y no seguir repitiendo siempre el mismo cartel.

 EL VERANO DEL INCENDIO

MIL RAZONES

DISCOTECAS

Luís Brea y el miedo en Spoti



OTRAS RESEÑAS DEL GRUPO:

 

viernes, 6 de noviembre de 2015

BIME LIVE 2015




Lo cierto es que Bime Live me pareció un festival muy bien organizado. El entorno muy bueno, ni muy pequeño ni demasiado enorme. El sonido ejemplar en la gran mayoría de conciertos. El hecho de que los dos escenarios se fuesen alternando evitó solapamientos (excepto en Teatro pero como no me interesaba nadie, perfecto). La pulsera del festival llevaba un chip de recarga para que no circulase dinero que me hizo desconfiar al principio, pero una correcta dotación de personas en las barras –tendrían que aprender otros festivales- evitó excesivas aglomeraciones y ahorró todo tipo de problemas con los cambios. El hecho de tener un parada de metro a 50 metros es sencillamente genial.



Como único inconveniente fue los excesivos cacheos por parte de los integrantes de la seguridad del certamen, creo que hasta me metieron mano y todo.


A continuación, un pequeño comentario sobre las actuaciones:
VIERNES



A pesar de que el Festival empezaba con las actuaciones de Mamba Beat y Darwin Deez, siempre es saludable estrenar el festival con una caña tranquila fuera del recinto. Aunque pueda provocar el llegar tarde a algún concierto, que fue lo que acontenció con los grupos mencionados.



ZOLA JESUS: Un sonido horrible no ayudó en absoluto a una música tan etérea, esto provocó que el concierto quedase prácticamente en anécdota. Ni siquiera el trombón que llevaba uno de sus miembros se distinguía con nitidez. Ni cuando Nika Roza se paseó entre el público consiguió levantar el vuelo. Por cierto, asombrado de la escasísima estatura de la cantante.

EVERYTHING EVERYTHING: El concierto empezó enérgico y con fuerza pero en poco tiempo se volvió bastante anodino sin que los temas destacaran unos de otros. Reflejaron en concierto lo que es su discografía, un grupo dentro del pelotón de los medianos que no logran destacar.



LOS PLANETAS: Con un set list reducido pero semejante a sus últimas actuaciones, tocho flamenquillo aparcado, el concierto fue una gozada. Un sonido impresionante, el grupo con entrega justita pero sin fisuras y ejecutando perfectamente, Rey Sombra la tercera canción y empalmando hasta el final Corrientes Circulares- Santos que yo te Pinté- El Duendecillo Verde- Segundo Premio- Un Buen Día- Alegrías del Incendio y Pesadilla en el Parque. Un auténtico disfrute para sus fans. Lástima que se ahorrasen De Viaje como última canción pero no podemos quejarnos.



STEREOPHONICS: Los galeses congregaron a mucho público en su actuación en la que alardearon de buen oficio aunque sin conseguir desprenderse de una cierta impresión de piloto automático. Mucho mejor cuando Kelly Jones se colgaba la guitarra eléctrica y aceleraba que cuando se supeditaban a su famélica guitarra acústica. El público se encendió con Maybe Tomorrow y acabaron a lo grande con su mejor canción, Dakota.


THE GO TEAM: Lo cierto es que sonaban de fondo pero muy destacable no debieron ser cuando no recuerdo nada del concierto.



CRYSTAL FIGHTERS: Empezaban a las dos de la mañana que creo que es la hora exacta en que subí en el metro para ir a dormir que al día siguiente repetíamos.



SABADO:


Llegar prontito al recinto, 19:30h, aún dio tiempo a escuchar un par de canciones pop-rock de Austronautalis y sobre todo, ir a coger sitio para ver a Nudozurdo, intrigados por como llevarían al directo los sintetizadores que pueblan y adormecen su último disco Rojo es Peligro.



Nudozurdo cabeza de cartel a las 19:45h de la tarde?. Me he perdido algo? 4 filas de gente sentadas delante del escenario, al mirar con detalle veo que el mayor de la pandilla tiene 17 años. No entiendo nada hasta que me acuerdo del programa: Supersubmarina e Imagine Dragons, ídolos teenagers. Pues por ahí andaba yo metido en 5ª fila dispuesto a disfrutar.



NUDOZURDO: Dispuesto a disfrutar aunque el altísimo volumen del bajo en las dos primeras canciones casi me revienta los tímpanos y, por solidaridad, la cabeza entera. A la que ajustaron los graves asomó la apisonadora. Sonido encauzado por un bajo demoledor perfectamente ajustado con la monolítica y, a la vez muy versátil batería de Ricky Lavado, sobre el que sobrevolaban las tormentas eléctricas producidas por la retorcida guitarra –reverbs, feedbacks- de Leopoldo. Sonó algún sintetizador pero como mero contrapunto de un densísimo sonido lleno de texturas. Con canciones como El Hijo de Dios, Prometo Hacerte Daño, El Diablo fue Bueno Conmigo o una muy emocionante Dosis Modernas arrebataron al público, asustando a más de uno de los jóvenes asistentes aunque también lograron más de un converso. Enormes y necesarios.
 

SAVAGES: Si Nudozurdo fue intensidad, Savages fue rabia y velocidad. Su grandísima front woman, Jehnny Beth, puso firmes, aleccionó y ganó por KO técnico a todo el público asistente. Punk, sudor y mucha energía secundada por una banda inclemente potenciada por una estética impecable. Canciones como She Will, City’s Full, Husbands e incluso The Answer fueron himnos y terminar con el alegato feminista Fuckers provocó que el concierto acabase puño en alto. Destacable el magnetismo de Jenny Beth encima de una valla paseando asida a las manos del público. Siouxsie en su mejor momento contagiando actitud.

SUPERSUBMARINA: Hora de cenar.



RICHARD ASHCROFT: No fue un concierto sino una misa. Richard Ashcroft, con su pelo rapado, sus gafas de sol y su guitarra acústica regaló sermón tras sermón a sus convencidos acólitos que no pararon de levitar gracias al magnífico estado de forma de su voz y el repertorio soñado: Sonet, A Song for the Lovers, Check the Meaning, The Drugs don’t Work, Lucky Man y Bitter Sweet Simphony entre otras. Para los que no somos demasiado fans, el set fue algo monótono y lineal por su escasa destreza con la guitarra. Fenómeno fan granadito con smartphones de última generación.



IMAGINE DRAGONS: Que los americanos eran los cabezas de cartel no lo dudábamos en absoluto. La cantidad de adolescentes y preados (con padres superados incluidos) así lo atestiguaba. Fue levantar la vista, ver una marea humana delante del escenario principal, encenderse las luces y un estruendoso chillido histérico recorrió sin piedad la nave donde se desarrolla el festival. Rápido refugio, la barra. Desde lejos se pudieron observar todos los tics de una banda de estadio destinada a triunfar. Todo tan grandilocuente como insípido ante una audiencia totalmente rendida de antemano.



L.A.: Después de aguantar a los anteriores se tenía ganas de un concierto más reducido y los baleares olfatearon el ambiente y tuvieron muy claro lo que tenían que ofrecer: un buen set rockero. Luís Alberto Segura dominando la escena y cantando muy bien, secundado por una muy efectiva banda presentando varias de las canciones de su último disco y dejando de lado sus singles más pop. Muy buen concierto.




KAKKMADDAFAKKA: Los noruegos se encontraron con un público ansioso de pasárselo bien, en muchos casos con maquillajes halloweenescos, y como hace ya tiempo que son más entertaintments que músicos pues lo hicieron pasar en grande a todos los asistentes que no pararon de bailar. Divertido guiño haciendo sonar la música de la Champions League al inicio del concierto.



!!! (CHK, CHK, CHK): Fue el ruido que hice con los dedos al decidir irme a coger el metro que eran las 3 de la mañana.