martes, 27 de junio de 2017

Joan Miquel Oliver- Atlantis. Una crítica.


Durante el pasado mes de abril, Joan Miquel Oliver presentó su cuarto disco; Atlantis, segundo desde la disolución de Antònia Font, el mejor grupo pop en catalán. En las entrevistas promocionales el músico explica que es el disco central de una trilogía, tras Pegasus –dedicado al aire-, versando sobre el agua y los mundos marinos (a saber qué temática tendrá el tercero), aunque siendo sinceros, nunca ha dejado de reincidir en sus temáticas habituales: el mar y el océano, el cielo y el espacio y, especialmente, las pequeñas historias de las personas, que él convierte en cuentos singulares en forma de canción.

En el nuevo trabajo, Joan Miquel Oliver, ha realizado todo el trabajo exceptuando tan solo la aportación a la batería de Toni Toledo. Un poco como contraposición al anterior Pegasus -de ritmo lánguido, relajado y con demasiado folk de bajo octanaje- se enchufa a la corriente y nos entrega un disco variado, de amplio espectro y plagado de imaginativos arreglos que esconden un mensaje de protesta, al poner de manifiesto la degradación de los espacios naturales ante la incontrolada y constante presencia del turismo masificado y sus devastadoras consecuencias en el entorno y la población de, en su caso, las Islas Baleares.


El disco se abre con la delicada y naïf Nins a tobogans para dar paso a un bloque de tres canciones mayúsculas en que la presencia de los sintetizadores y los arreglos electrónicos son las grandes protagonistas. Oliver es un tipo espabilado y descubrió, hace años ya, en canciones como la festiva y contagiosa Hansel y Gretel, lo bien que se adaptan las bases y arreglos electrónicos a su, no especialmente dotada, voz y forma de cantar. Es meus reggaetons como dice él mismo. 
Este bloque está formado por las verbeneras y efervescentes Agricultors Ingràvids, Incident a sa pista Dos y Atlantis, sobre las que planean referencias al techno hortera ochentero alemán de Modern Talking, Nina o Sandra, ecos del Ritmo de la Noche pasando por los irreverentes Devo. Después de ellas viene la maravillosa Rumba del Temps, una deliciosa rumba posmoderna -reconstruida que dice el autor- de ritmo juguetón y letra tan visual como delirante. Una de las mejores y más efectivas canciones que haya hecho nunca que pone colofón a una excelente y festiva primera mitad.


A partir de entonces, rebusca en su extenso catálogo de recursos para evitar caer en un exceso fácil que impediría tomárnoslo en serio y vira inteligentemente la dirección del disco.  Relaja el tono en la intimista Cançó de Contacte que se ve enriquecida por unas cuerdas tan protagonistas como acertadas. Posidònia esconde bajo un envoltorio de pop amable el ejemplo más claro de hartazgo ante la invasión turística antes mencionada. Sube el volumen desempolvando la guitarra eléctrica para ofrecer dos afilados temas rockeros como son La mar treu sabates y Torneig amistós, convenciendo plenamente en la primera que se convierte en uno de los puntos álgidos del disco. Entre ambas, Ses Personas, en que  recupera el trip hop gélido massiveattackero –que enlaza con la sublime Polo de Llimona de Bombó Mallorquí-, en una melancólica canción sobre el paso del tiempo. Los dos últimos surcos: Disseny de producte y Ses coses, son plácidos e hipnóticos y conducen el disco a un tranquilo final aunque pecan de una cierta reiteración.



Joan Miquel Oliver tiene un talento innato para el pop y en Atlantis vuelve a demostrarlo en otro brillante ejercicio de estilo. El mallorquín sigue a su aire haciendo lo que le viene en gana -reforzando ese hilo conductor que le une a Jaume Sisa y a Quimi Portet para conformar el referencial triunvirato galáctico del pop-rock catalán- para seguir ofreciendo delicados y, a la vez, potentes artefactos pop llenos de magia mundana como este destacable y meritorio Atlantis, que se sitúa a la estela del magnífico Bombó Mallorquí.


Joan Miquel Oliver es un superclase, así de fácil. Pero como es por aquí cerca, de Sóller concretamente, y tiene pinta de tipo normal, no lo sabemos apreciar. Si en lugar de ser mallorquín fuese de Seattle, Bristol, Hoboken, o Manchester se le reivindicaría como lo que es, un músico genial. 

RUMBA DEL TEMPS 

INCIDENT A SA PISTA DOS

LA MAR TREU SABATES

ATLANTIS EN Spoti


sábado, 17 de junio de 2017

THE NEW PORNOGRAPHERS- WHITEOUT CONDITIONS. Una crítica.





Por experiencia -y desengaños varios- uno acaba desconfiando de las superbandas. En muchas ocasiones no son más que meros pasatiempos en los que músicos famosos se juntan para publicar un disco precipitado y anodino, montar una gira y embolsarse una buena cantidad de dinero. Una de las mayores excepciones a esta regla son The New Pornographers que hace unos meses publicaron Whiteout Conditions, su séptimo disco desde 2000, por lo que no solo son una excepción sino que tienen una trayectoria más que consolidada.


Los canadienses hace tiempo que encontraron su particular piedra filosofal que no cejan en afinar y perfeccionar para conseguir todavía mejores resultados: una suerte de power pop salpicado de enérgicos sintetizadores que enmarcan unas fantásticas melodías alternándose al cantar -en unos bonitos juegos de armonías vocales- tanto AC Newman, Dan Bejar como Neko Case o la sobrina del primero, Kathryn Calder.


El excelente nivel de su obra anterior, Brill Bruisers, la ausencia en este trabajo de Dan Bejar -al estar volcado en el nuevo trabajo de Destroyer- así como el cambio de batería, relevando Joe Seiders al miembro inicial Kurt Dahle, provocaban dudas ante la salida del nuevo LP pero Whiteout Conditions responde totalmente a las expectativas, si no las supera, gracias a su colección de grandes canciones. El disco se inicia de forma espectacular debido a sus grandiosos cuatro primeros temas: Play Money, Whiteout Conditions, High Ticket Attractions y This is the World of the Theater, cuatro temas exuberantes, vitalistas e infecciosos, pudiendo ser claros singles cada uno de ellos, y que conforman uno de los mejores inicios en lo que llevamos de año. Una auténtica gozada escucharles cantar y notar como sus canciones traspúan lo que se divierten tocando. La parte central del disco la componen Darling Shade, Second Sleep y Colosseums y transita por terrenos algo diferentes; bajan ligeramente el ritmo frenético, los temas se acortan y las pueblan unos imaginativos arreglos, destacando incluso en Colosseums el uso de un glockenspiel (o es una marimba?) que se encaja perfectamente al adaptarse su ritmo a los coros de los cantantes. El primer y único momento de reposo del disco lo encontramos en el octavo tema, We’ve been here before que termina derivando en un mantra atmosférico y espectral, para terminar el disco con otros dos temas soberbios: Clockwise y Avalanche Alley que enlazan con los iniciales y enganchan al oyente a otra espiral de ritmo contagioso mientras descubre, asombrado, que el disco ha llegado a su fin al escuchar como se separa la aguja del plato.


Once canciones para un total de cuarenta y un minutos, en un disco muy disfrutable que transcurre con rapidez y se hace muy corto provocando ganas de empezarlo de nuevo. Ante la ausencia de Dan Béjar, AC Newman carga con el peso del grupo, compone todas las canciones, potencia teclados y sintetizadores para dotarlas de unas inspiradas melodías que se ven favorecidas por lo bien que empasta su voz, tanto con Neko Case como con Kathryn Calder así como entre ellas mismas. Mención aparte destacar como brillan las partes vocales de Neko Case evitando caer en ningún momento en cierto histrionismo que aparece en sus trabajos en solitario. En cuanto al nuevo batería, Joe Seiders, se adapta perfectamente al grupo, destacando tanto en los rítmicos y veloces temas iniciales como, especialmente, en Darling Shade donde su batería es la gran protagonista.


A estas alturas de la función The New Pornographers difícilmente se convertirán en tu grupo favorito. El power pop es un género complicado para generar este tipo de adhesiones incondicionales pero, trabajo a trabajo, los canadienses han logrado una trayectoria encomiable con una colección de canciones más que destacable y este Whiteout Conditions es una nueva joya, otra más, a añadir a su reluciente catálogo. The New Pornographers sigue siendo uno de los grandes tapados y si alguien no les conoce y les descubre con este artículo, entonces la reseña habrá valido la pena.

 HIGH TICKET ATTRACTIONS

PLAY MONEY

AVALANCH ALLEY

 Whiteout Conditions en Spoti

domingo, 11 de junio de 2017

Marcelo Luján- Subsuelo. Una crítica.







Al posar la vista en el estante de libros del atiborrado estudio reparé en el título de uno de ellos, Subsuelo, para recordar que me lo habían regalado un tiempo atrás y ahí se quedó, olvidado, esperando su momento. Buena prueba de mi ignorancia es que no tenía ninguna referencia del mismo ni de su autor, Marcelo Luján, pero su atractiva sinopsis y la relación de premios de la vitola me impulsaron a elegirle para ser la próxima lectura.

Una calurosa noche veraniega en la sierra madrileña. Dos adolescentes mellizos, chico y chica, y un amigo algo mayor. Un flirteo incipiente. Un encargo familiar; ir a buscar hielo a la gasolinera vecina. Una imprudencia al volante y la tragedia, acechante, que sucede cuando menos se la espera. El drama y sus terribles consecuencias que empeorarían si aflorase un secreto sobre el accidente. Una vida de sumisión al chantaje para impedirlo. La semilla del odio que crea tumores familiares que crecen amenazando con desbordarse. Y lo harán, irremediablemente, porque la fuerza del odio puede con todo.

Antes he hablado de los premios ganados por Subsuelo y no deja de sorprenderme que sean todos de novela negra. Bien es cierto que con el auge y popularidad alcanzada por el género en los últimos años, sus límites se han difuminado y se utiliza el término con mucha alegría, pero aún así pienso que Subsuelo tiene mucho más de thriller psicológico que no de novela negra. Cierto es que hay algún muerto e incluso un plan “perfecto” pero seguimos sin tener clara que esa clasificación sea acertada.

Marcelo Luján sabe provocar el interés del lector, no le da evidencias sino que juega con él suministrándole la información poco a poco, siempre con la sensación de que  guarda alguna carta oculta (de ahí la sensación de thriller psicológico). En el capítulo inicial, llamémosle el desencadenante, los personajes ni siquiera tienen nombre limitándose a ser la chica morena, el chico rubio y el chico moreno. El uso por parte del escritor de frases cortas con continuos puntos y seguidos, dotan a la narración de un ritmo ágil y tenso que fija la atención del lector al lograr una sensación de inminencia ante unos acontecimientos imprevistos. Como consecuencia de todo esto, el arranque, el punto de partida –el capítulo inicial- es brillante y genera un rápido enganche a la historia provocando elevadas expectativas. A partir de aquí la estructura del libro alterna el presente con la noche en que se produjo la tragedia, volviendo a ella en forma de círculos concéntricos y con cada anillo o vuelta el escritor revela nuevos detalles, libera nueva información para una mejor composición de la escena. También me parece destacable el uso de una metáfora tan apropiada como las hormigas bajo la tierra como símil de los problemas y diferencias enquistadas dentro del seno de la familia.

Pero precisamente esta estructura revoloteadora sobre el punto de partida acaba siendo el mayor lastre de la novela, produciendo una cierta sensación de reiteración que no logra mitigar el resto de la historia, al no estar a la altura del deslumbrante inicio. La prometedora sensación de inminencia no logra verse culminada con el desenlace de la narración, la historia se agota, el globo se deshincha, no da más de sí como para darle tantas vueltas lo que provoca un cierto cansancio. Cuando llega el final catártico, el lector se ha desenganchado de la historia. A ello también contribuyen unos personajes desenfocados, recurso inicial del escritor pero en ningún momento se profundiza demasiado en las motivaciones de su comportamiento.

A pesar del párrafo anterior, Subsuelo no es una mala novela, en absoluto tal y como atestiguan los premios recibidos, tan solo que en mi caso no termina respondiendo a las elevadas expectativas que despierta su prometedor inicio.   

Marcelo Luján en la Wikipedia

Marcelo Luján

Recomendación: 
No hacer demasiado caso de las vitolas de los libros. Todos ellos serían obras maestras y nos aburriríamos mucho ante tanta calidad y perfección.
 
Durante la escritura de esta reseña escuché Els Afores, el decidido afianzamiento pop de Renaldo & Clara, también el magnífico Sedición del crepuscular Pablo und Destruktion así como el oscurísimo Mirror Being de The KVB.

sábado, 10 de junio de 2017

The Vaccines- Post Break-Up Sex

La publicación en 2011 del magnífico What did you expect from The Vaccines? provocó que los londinenses The Vaccines se convirtiesen en la nueva esperanza del pop-rock british, los nuevos Oasis para entendernos. Ellos mismos se aplicaron en desmentirlo gracias a sus dos anodinos y decepcionantes trabajos posteriores. Por aquí cerca terminaron provocando hartazgo porque una canción suya era banda sonora del anuncio del verano de una conocida marca de cerveza. Entre la reiteración de escucharlos a todas horas en la tele y el asco inmenso que provocan este tipo de anuncios, con su pretenciosa carga de insulsa y estúpida modernidad, el nombre de The Vaccines terminó convirtiéndose en un sarpullido en su particular verano del (no) amor.

Mientras confiamos en que vuelvan a publicar algo decente, seguiremos escuchando esta atemporal joya llamada Post Break-Up Sex de su inmenso primer disco.


I can barely look at you
Don't tell me who you lost it to
Didn't we say we had a deal?
Didn't I say how bad I feel?

Everyone needs a helping hand
Who said I would not understand?
Someone up the social scale
For when you're going off the rail

Post break up sex that helps you forget your ex
What did you expect from post break-up sex?

Leave it till the guilt consumes
Fucking in the nearest room
All our friends were unaware
Most had just passed out downstairs

To think I hoped you'd be okay
Now I can't think of what to say
Maybe I misunderstood
But I can't believe you're feeling good

From post break-up sex, helps you forget your ex
What did you expect from post break-up sex?

Post break-up sex that helps you forget your ex
What did you expect from post break up sex?

Oh when you love somebody but you find someone
And it all unravels and comes undone

Post break-up sex that helps you forget your ex
What did you expect from post break-up sex?
Post break-up sex that helps you forget your ex
What did you expect from post break-up sex?




viernes, 2 de junio de 2017

Niños Mutantes- Diez. Una crítica.



Diez es el título del, precisamente, décimo disco de Niños Mutantes –incluyendo la compilación Canciones para el primer día en la tierra-. Publicar diez discos no es tarea baladí y todavía es más meritorio en el caso de la banda granadina; veinte años de carrera prácticamente sin cambios en su formación y con una repercusión limitada durante muchos años. Esta repercusión se ha ampliado gracias a sus dos trabajos anteriores: Náufragos y El Futuro, en gran parte facilitado por una suavización general de su sonido, ahuyentando la distorsión tan presente hasta entonces, en busca de estribillos coreables que les han hecho acceder a un mayor espectro de público. La publicación de Mutanciones, disco de homenaje con otras bandas interpretando sus canciones también ayudó lo suyo. Cierta renuncia a sus principios y el incremento de popularidad acabó pasando factura, al provocar tensión, hartazgo y una cierta extenuación que casi les hace arrojar la toalla después de tanto tiempo.


La incertidumbre ante el camino a escoger provocó un cierto escepticismo ante el nuevo trabajo pero los mutantes demuestran que son chicos listos; reconocen su error,  recuperan su esencia, dejan atrás tanta accesibilidad y entregan un disco rockero, veloz y lleno de aristas. Para lograrlo, tuvieron el acierto de irse a grabar Diez en casa del mítico Youth (Killing Joke) confiando los mandos de la producción a César Verdú y Abraham Boba (León Benavente) –con escasa experiencia como productores pero muchísimo bagaje como técnicos de sonido- y estos han sabido inocular el punto necesario de rabia, fuerza y tensión. Un retorno a las fuentes rock, punk y post-punk que habían perdido en sus últimos trabajos, plasmado en unas agresivas guitarras eléctricas desterrando al rincón de pensar a las acústicas, unos bajos vigorosos que refuerzan y enriquecen el esqueleto de las canciones, complementando a la perfección una batería tan poderosa como versátil, sazonándolo todo con unos sintetizadores que se adaptan perfectamente al ritmo de las canciones, mientras Juan Alberto continúa cantando en su estado de gracia habitual. Consiguen dotar al disco de un tono oscuro y musculoso que recorre todo su armazón y se refleja en canciones tan contundentes como directas.


La primera cara de Diez sorprende por la alta calidad de todos sus temas; se abre con el crudo riff krautrockero de Menu del Día y su letra sobre la alienación, en la confesional y autoreivindicativa NM el bajo crepitante se impone sobre las bellas texturas que crean el resto de instrumentos, Jovencita supone un puñetazo punk en la mandíbula. Pero sobre todo, destacan dos canciones; la píldora de tenso rock electrónico que supone Glaciares y Volcanes y la tan ochentera como descreída No Continuar, que suponen los dos mejores temas del disco y a la altura de las mejores canciones de su carrera.


La segunda cara se abre con el primer single, la naturalista Pura Vida, un tema ampuloso en torno a un turbio y bluesero riff de guitarra destinado a ser un himno en sus conciertos aunque peca de una cierta reiteración en su estribillo. Continúa con una gran línea de bajo en Balada del Hombre Libre y su crescendo sostenido hasta el final del tema. FGL es un homenaje a Federico García Lorca, pero no al poeta romántico más topificado sino al de los versos más tensos y amenazantes de Poeta en Nueva York. Sigue con Salmo, una pieza de rock americano en que resalta la monolítica batería mientras desgrana una oración acusadora para terminar con El Instante, tema que se inicia en tono bajo para desparramarse finalizando el LP con gran intensidad.


Con Diez, Niños Mutantes reflejan reflexión sobre los últimos años, recuerdan de donde proceden y qué les llevo a ser lo que son y, una vez reforzados en su identidad lo plasman, ansiosos, en un disco formidable. Posiblemente no sea el mejor disco de su carrera pero es, con diferencia, el más necesario. Diez no es un paso adelante si no un retroceso, un coger carrerilla para saltar con mayor impulso. Tiene gran mérito invertir la tendencia en que se hallaban imbuidos y no continuar por inercia hasta saltar en pedazos. Siempre hemos querido a Niños Mutantes y les hemos admirado como músicos pero ahora, además, alabamos su coherencia.
 PURA VIDA 


NM

NO CONTINUAR

DIEZ en Spoti

miércoles, 24 de mayo de 2017

Edward Bunker- Little Boy Blue. Una crítica.






En la última excursión a la Biblioteca Pública, al curiosear entre sus estantes, me sorprendí gratamente el encontrar en la letra B un libro de Edward Bunker. Después de haber disfrutado anteriormente con No Hay BestiaTan Feroz,  uno se confiesa convencido admirador del escritor de Los Ángeles con lo que tuve muy claro que me llevaría a casa Little Boy Blue, el título que tuve la fortuna de hallar y que según el propio autor, es su mejor obra. En este caso, con traducción de Zulema Couso. 

Al inicio del libro, conocemos a Alex Hammond, un chico de once años dotado de una gran inteligencia acompañada de un explosivo carácter con violentos accesos de rabia que por momentos llegan a hacer pensar en conatos de locura. Tras el divorcio de sus padres, la imposibilidad del progenitor de cuidarle a tiempo completo provoca que Alex tenga que ir a varias instituciones estatales de acogida de las que se escapa con regularidad y donde empieza a desarrollar un marcado desprecio hacia la autoridad.

Una noche, después de haberse fugado con otro chico del último centro en el que estaban, deciden entrar a robar en una tienda cerrada. Cuando todo parecía ir bien e iban a escapar con su botín, los propietarios del negocio les descubren y presa del pánico, Alex dispara un revólver que encuentra en un cajón, hiriendo a uno de ellos.

En ese crucial momento, Alex deja de ser un pobre chico con mala suerte para pasar a ser un proyecto de delincuente. En ese momento, Alex cambia las escuelas y hogares de acogida por instituciones represoras. En ese momento, Alex todavía no lo sabe pero ha emprendido un sinuoso camino que no le llevará a ningún sitio.

A partir de entonces la novela sigue al chico en su peregrinaje por instituciones militares, pabellones psiquiátricos, centros de menores, correccionales y reformatorios varios, de los que termina, invariablemente, escapando gracias a su inteligencia y a su innato sentido de la supervivencia. En todos ellos, Alex es de los muchachos más jóvenes cuando ingresa, por lo que responde con inusitada violencia para hacerse respetar y ganarse fama de duro y a pesar de su autoaislamiento, se granjea una serie de amistades de los que aprende trucos y mecanismos de delincuentes que luego aplica cuando está en la calle. Con el transcurrir de las páginas asistimos indefectiblemente a la pérdida de la inocencia del chico, actuando al inicio movido por el miedo y la desesperación hasta que al final del libro, con 17 años, ya se ha convertido en un auténtico delincuente.

La acción se sitúa en los últimos años de la II Guerra Mundial y como ya ocurría en No hay bestia tan feroz, Edward Bunker relata de manera realista y con trazo vigoroso un mundo que conoció bien en primera persona, reflejado perfectamente en el detalle de las normas de funcionamiento de los centros de reclusión para jóvenes, con el progresivo endurecimiento de las normas de comportamiento en función de su grado. A la vez que aumentan la dureza de los mismos, contemplamos la progresiva degradación moral de Alex, orientando su privilegiada mente hacia el delito. En los paréntesis en que el chico está fuera, se describen con precisión los bajos fondos de Los Ángeles y los esfuerzos de un chico tan joven para “buscarse la vida” y conseguir ir tirando adelante día a día, sin horizonte ni esperanza sabiendo que tarde o temprano le terminarán capturando.

Tras estos aspectos más evidentes Bunker critica la total incapacidad e inoperancia de los distintos centros represores para dar una alternativa a la delincuencia a los muchachos ingresados en ellos, más bien todo lo contrario, convirtiéndose en escuelas del delito donde solo se respeta la violencia. El racismo también está muy presente en las páginas de la novela, mostrando el desprecio entre razas incluso en centros de reclusión. La presencia de las drogas y los devastadores efectos de las adicciones aparecen de soslayo, casi sin querer tomar protagonismo pero siendo muy importantes como motivadores de las acciones de los pequeños delincuentes dispuestos a cualquier delito con el fin de poder conseguir una nueva dosis.

Little Boy Blue es otra jugosa y desencantada historia de perdedores marca de la casa de Edward Bunker, en este caso con un mayor poso de tristeza debido a la edad del protagonista. La coherencia y verosimilitud de la historia provoca que capte totalmente la atención del lector que asiste impactado al desarrollo de la narración. Volvemos a reivindicar al obra del escritor y desde aquí elogiamos y agradecemos la tarea emprendida por Sajalín Editores para ofrecernos la obra de Edward Bunker, que nos ha permitido disfrutar de un escritor francamente interesante con unas historias tan visuales como realistas y entretenidas.


Edward Bunker en la Wikipedia
Edward Bunker

Recomendación: 
Edward Bunker, James Ellroy.

Durante la escritura de esta reseña escuché el sorprendentemente fresco Diez de Niños Mutantes, el encantador Atlantis del genio Joan Miquel Oliver y el catedralício Harmony de The Wake.

jueves, 18 de mayo de 2017

Spoon- Hot Thoughts. Una crítica






Casi 3 años después de su notable They Want my Soul, Spoon entregan su ya noveno disco, Hot Thoughts. Nueve discos en más de veinte años de carrera en el que Spoon han logrado un status de grupo respetable para la crítica aunque nunca han arrasado a un nivel mayoritario para el gran público.


Su sonido está claramente marcado por el protagonismo de los miembros del grupo que permanecen en él desde el inicio; Jim Eno con su rítmica y omnipresente batería y, especialmente, la voz nasal de Britt Daniel y su cortante guitarra que oscila entre el funk y el indie rock más clásico. Un más que consolidado Rob Pope al bajo, cose todas las costuras y da consistencia a la banda. La salida del grupo del multiinstrumentista Eric Harvey ha sido suplida repitiendo y dándole mayor protagonismo a la labor del reputadísimo Dave Fridmann como productor, tarea que comparte con el propio grupo. Como es habitual en él, ha llenado el disco de capas, texturas y detalles que se descubren con las sucesivas escuchas, valiendo la pena escuchar con atención para no perderse los imaginativos arreglos que pueblan sus surcos.


El trabajo de Dave Fridmann ha logrado que Spoon abra su abanico de posibilidades al adentrarse en sonoridades bañadas en electrónica, ahondando en el camino y las posibilidades que ya transitaron en Outlier, tema claramente disco de su trabajo anterior. Los mejores reflejos de ello se encuentran en la magnífica WhisperI’lllistentothehearit protagonizada por una sorprendente y efectiva base electrónica sobre la que Britt Daniel empieza cantando reposadamente para ir acelerando conforme aumenta la cadencia del tema, en una delicia sintética que llega a recordar momentos de Kid A de Radiohead. La inmediata y pegadiza First Caress, con su ritmo disco provoca que movamos indefectiblemente cabeza y pies, destacando la aparición de Sharon Van Etten a los coros y, especialmente, un arreglo imposible de piano enloquecido que encaja a la perfección para conseguir un temazo con claro aroma de single rompepistas. En este pack también se incluye Shotgun, gracias a una magnífica base electrónica que protagoniza la canción. 



Pero no solo encontramos temas electrónicos, Spoon no olvidan su sonido clásico y siguen ofreciendo píldoras rockeras, que coquetean con el funky, como el tema que abre y da nombre al disco, Hot Thoughts, así como en Can I sit next to you. En la primera, Britt Daniel se luce en su parte vocal reinando sobre guitarras y baterías rítmicas y cortantes, rememorando al Prince más sofisticado. La segunda es un imponente y contoneante tema funky que hacia su mitad se desborda gracias a unos ajustados y efectivos ritmos arábigos.



Como no podía ser de otra manera, en Hot Thoughts también encontramos magníficos tesoros como I ain’t the one; una maravilla melódica en que el cantante adopta un tono confesional mientras es acunado por una preciosa guitarra torpedeada por un abrupto bombo. Una de esas canciones que se graban en el subconsciente y se cantan una y otra vez. La otra joya delicada es Do I have to talk you into you, con la batería marcando un ritmo juguetón sobre el que se retuercen tanto la guitarra como la voz en otro tema francamente meritorio. 



Aunque no está de más decir que tanta creatividad y libertad acaba provocando excesos, como demuestra con claridad Pink Up, un vacuo tema de seis minutos colocado a mitad del disco y a pesar de que aparecen instrumentos tan curiosos como un saz (similar a un laúd) y darbukas (tambores árabes) danzando sobre sintetizadores, la sensación es de asistir a una jam-session improvisada que no lleva a ninguna parte. En términos similares se sitúa Us, la canción postrera, otro largo experimento protagonizado por un saxofon y que solo provoca aburrimiento y un mal cierre del disco. Sin dudar, los momentos más flojos del disco.


A pesar de estos dos pasos en falsos, Hot Thoughts es un buen disco –otro más de los de Austin- que todavía afianza más la carrera de Spoon. Aunque esté un peldaño por debajo caramelos tan gratificantes como Kill the Moonlight, Ga Ga Ga Ga Ga, Gimme Fiction o el citado They Want my Soul, no deja de estar repleto de grandes canciones y, además, es digna de alabar la apuesta por el grupo por no repetirse y experimentar con nuevos sonidos, arriesgándose a introducir novedosos elementos a su música que puede que incluso consigan mejorar su, un pelín, soso directo.

WHISPERI'LLLISTENTOHEARIT


 HOT THOUGHTS


CAN I SIT NEXT TO YOU

HOT THOUGHTS en Spoti


sábado, 6 de mayo de 2017

Los Planetas- Zona Temporalmente Autónoma. Una crítica





La noticia se confirma, nuevo disco de Los Planetas, el grupo referencial del pop-rock indie español. Siete años después de su último larga duración, el flojo Una Ópera Egipcia, y con el único interludio del EP Dobles Fatigas en 2015, entregan por fin su nuevo trabajo, Zona Temporalmente Autónoma. El título hace referencia a los escritos del ensayista Hakim Bey sobre sociopolítica post izquierdista y anarquista.


Por si no fuera poca noticia el nuevo trabajo, el hecho de venir precedida por la publicación de un split conjunto con Yung Beef, uno de los más importantes cantantes trap, así como las pretenciosas y autojustificativas declaraciones del grupo en las entrevistas promocionales, en las que afirman que toda la música popular bebe de palos del flamenco como el rock o el hip-hop, todavía le han dado más notoriedad.


El disco se abre con Islamabad, que es la canción que formaba parte del split citado, y que es una relectura del tema ‘Ready Pa Morir’ de Yung Beef. Consiguen llevar la canción a su terreno regalando una magnífica letra que incluye la estrofa final del tema original, aunque la forma de cantar de J –adoptando patrones trap- ofrece un resultado, como poco, dudoso. Continúa con un triunvirato de insulsas y desalentadoras canciones –Una cruz a cuestas, Soleá y Seguiriya de los 107 faunos- que reinciden en patrones presentes en sus últimos discos: mezcla de inspiración flamenca, psicodelia y space rock, temas atmosféricos, de texturas tan densas y ampulosas como anodinas, tan ralentizados que consiguen hacerse largos y que se confundan entre ellos y sean perfectamente intercambiables con otros de sus dos discos anteriores y nadie se de cuenta. Debemos mencionar la previsible colaboración de Soleá Morente en Una cruz a cuestas que no aporta nada destacable. 


Hierro y Niquel logra rescatarnos del aburrimiento con una base de pop clásico trenzada por un buen bajo y unas bonitas guitarras cruzadas sobre la que J canta inteligiblemente. Con un poco más de fuerza sería una gran canción. A continuación llega Porque me lo digas tu, un tema que es una contradicción: excelente a nivel instrumental en el mejor tono lastimero y melancólico de los granadinos pero lastrado por una letra de nivel de primero de ESO, con ripios sencillamente ridículos (puedes irte con Fernando, puedes ir con José Luís, te puedes ir con Mario, que tú a quién quieres es a mi) y que se balancea peligrosamente entre el amor incondicional y el acoso. De todos modos el disco ya ha tomado una cariz esperanzador que continúa con Libertad para el Solitario, bonito tema en el que destaca el muy cuidado trabajo a las guitarras. El siguiente tema, Gitana, tuerce el rumbo al reincidir en el indigesto space-rock del triunvirato mencionado anteriormente. Seis minutos de chicle desaborido que podría ser tanto cuatro como catorce porque al llegar al final hace rato que el oyente ha desconectado.


Pero no perdamos la esperanza, que el siguiente bloque es el mejor del disco: Ijtihad es un buen tema de power-pop en el que resulta imposible no recordar a The Pixies, tanto instrumentalmente como por la referencia en la letra hacia Isla de Encanta de los bostonianos. Una muy efectiva canción que da paso a Espíritu Olímpico, el mejor tema del disco, claro homenaje a The Cure en un tema delicioso que empieza siendo In Between Days para acabar convirtiéndose en un calco de Friday I’m in love de los de Crawley. En este caso, la colaboración de La Bien Querida ayuda a redondear la canción. El festival pop continúa con la canción que da título al disco, Zona Temporalmente Autónoma; una preciosa canción de amor cotidiano, de la que como mejor cumplido puede decirse que encajaría sin estridencias en su excelente Unidad de Desplazamiento. Amanecer levanta un muro de guitarras para adentrarse en un accesible shoegaze sobre el que J desgrana otra preciosa letra sobre el hecho de estar enamorado.  


Y si el disco terminase en este momento, hablaríamos de un buen disco con momentos prescindibles pero en un alarde de incontinencia siguen con dos temas más: Hay una estrella, un acústico que parece un intento de repetir Un Paseo por el Parque pero peca de monotonía reiterativa. Para terminar se reservan Guitarra Roja, que es una reinterpretación de una guajira libertaria de los años veinte (tirando de Wikipedia, guajira: género derivado del punto cubano que fue adoptado por el flamenco como palo), hasta aquí muy bien pero cerrar el disco con un tema de 10 minutos es una temeridad. Si encima es lineal y repetitiva, solo consigue que se haga interminable provocando una inmensa pereza para futuras escuchas. No es precisamente una nueva La Copa de Europa sino que está destinada a ser una pista ser evitada por el oyente, por no hablar de su letra que nada entre la ingenuidad y el panfleto. 


Los Planetas después de su muy flojo Los Planetas contra la ley de la gravedad (2004) se hallaron en un callejón sin salida ante el agotamiento de su fórmula de éxito. Entonces, inspirados por el excelso Omega de Enrique Morente y Lagartija Nick, quisieron lograr un doble objetivo: iniciar una huida hacia delante y homenajear al maestro, y lo consiguieron en La Leyenda del Espacio (2007). Un buen disco –aunque inferior a Omega- que combinó inspirados temas pop-rock planetarios con coplas que tomaron como base palos flamencos y funcionó, compensando sus momentos álgidos las carencias que tenían. El problema radica en que los granadinos se obcecaron en esta vía y su siguiente disco, Una Ópera Egipcia, con preponderancia de temas “flamencos” fue una castaña a nivel similar al EP Nuevas Fatigas con solo una canción destacable. Desde entonces Los Planetas viven con esta dualidad incluso en sus conciertos: una primera mitad dedicada a su vertiente flamenca en que encadenan temas largos, densos y bastante semejantes entre ellos y una segunda en la que tiran de repertorio pop-rock grandes éxitos, reventando el show y compensando el aburrimiento anterior.


Y qué tiene esto que ver con el nuevo disco Zona Temporalmente Autónoma? Pues que encontramos a Los Planetas reincidiendo en el mismo punto y para dar cabida a esta dualidad presentan un disco desmesuradamente largo, 65 minutos, en el que la mitad de los temas no están a la altura. El disco está claramente descompensado. Emerge hacia su mitad, destacando en los temas pop-rock, especialmente en la secuencia que lleva de Ijtihad hasta Amanecer, pero se ve lastrado por la presencia de minas en forma de canciones. Un poco de autoexigencia traducido en tijera, en poda, se antoja imprescindible. Si se hubiesen suprimido algunas de las canciones que conjugan flamenco y psicodelia y los dos superfluos temas finales, un auténtico Tourmalet, el disco ganaría muchísimos enteros. Además resulta bastante incomprensible que dejen fuera Voy a por Tabaco, cara B del single, cuando es bastante mejor que muchas de las que lo conforman. Puestos a pedir, decirle a J que se deje llevar. Ahora que ha aprendido a cantar parece que se retenga y adopta una cadencia encorsetada. Solo se acelera en Espíritu Olímpico e Ijtihad y resultan ser las canciones más disfrutables. 


A pesar de nuestras palabras, Zona Temporalmente Autónoma es una buena noticia porque sube el nivel de sus últimos trabajos y Los Planetas siguen siendo el grupo más importante e intocable del indie  patrio, amparado por multinacional, con lo que cualquier lanzamiento que realicen seguirá siendo una obra maestra incuestionable y tendrá una fiel legión de seguidores.

ESPÍRITU OLÍMPICO



 ISLAMABAD

HIERRO Y NIQUEL

ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA en Spoti


lunes, 1 de mayo de 2017

Miqui Puig & ACP- El chico que gritaba ACID

Meravellosa cançó que trobem en el tremendo Escuela de Capataces de Miqui Puig & Agrupación Cicloturista Puig. Feia gairebé 7 anys que no publicava res i ens regala un disc prenyat de grans cançons com aquesta.





No hay futuro

no queda hielo

no hay nada más que hablar



Débil la voz

espaldas caídas, mirada triste

Débil de miedo

de mala salud, débil de todo

Viene con mierda

buscando abrasivos a nuestro club

del que no podrá salir



Dice que le quema dentro

que por eso grita fuerte

Pide que le lleve pronto

y se suena con la manga

“¡Por la hermandad!”



Como una estatua

sobre ese banco, bajo la lluvia

Horas y horas

en forma de cuatro, chirriando de dientes

Vuelan las sillas

rompen los platos, se acaba el respeto

Suerte del impermeable



Dice que le quema dentro

que por eso grita fuerte

Pide que le lleve pronto

y se suena con la manga

“¡Por la hermandad!”



No hay futuro

no queda hielo

no hay nada más que hablar



Meses después

llegó una carta con esa letra

Dos esquimales

y nuestro chico, mejillas rojas

Le brillan los ojos

cumplió su promesa, siempre hacia el norte

del que no querrá volver



Dice que le quema dentro

que por eso grita fuerte

 “¡Por la hermandad!”



no hay futuro, no queda hielo

ni lo habrá